Política

¿Constitución o revolución?

¿Constitución o revolución?

El viernes 15 de marzo, el presidente Gustavo Petro salió a las calles de Cali. En su discurso del día, propuso una asamblea constituyente como salida a los varios problemas que su presidencia ha encontrado a la hora de lograr las reformas por las que fue elegido. Para citar:

Si las instituciones que hoy tenemos en Colombia no son capaces de estar a la altura de las reformas sociales que el pueblo a través de su voto decretó (…), entonces no es el pueblo el que se va a su casa arrodillado y derrotado. Son las transformaciones de esas instituciones las que se tienen que presentar. (…) Y por tanto, si esta posibilidad de un gobierno electo popularmente en medio de este estado y bajo la constitución de Colombia no puede aplicar la constitución por que lo rodean para no aplicarla y le impiden, entonces Colombia tiene que ir a una asamblea nacional constituyente.

Fue durante los siguientes días en una entrevista en el Tiempo que decidió aclarar su perspectiva y explicar que para él, una constituyente no sería una oportunidad para dar inicio a una nueva constitución sino para reorientar la constitución del 91 hacía varios puntos que no fueron ponderados en su momento. Petro termina proponiendo un programa de ocho puntos que pasa por varias aristas como la reforma agraria y el cambio climático como orientación a la posible constituyente. 

Esta propuesta es un reflejo de la crisis del reformismo, que en última instancia, no ha podido implementar ninguna de las reformas propuestas en las elecciones del 2022 ni el pliego de demandas con el que el Consejo Nacional del Paro descarriló el paro nacional del 2021. Después de un año y medio en el poder, el gobierno del Pacto Histórico no ha podido pasar la reforma a la salud, la pensional o la laboral. Pero la verdadera cuestión es: ¿Son el capitalismo colombiano y la democracia burguesa que la constituyente afirmaría suficientes para lograr estas reformas sociales? 

La imposibilidad de una constituyente

Sin embargo, la cuestión es: ¿Puede el gobierno de Petro pasar un proyecto de ley que convoque una constituyente cuando no puede pasar las reformas? Ahora, Petro propone la movilización de las juntas de acción comunales, de los cabildos y demás instituciones de base que creó la constitución del 91 para reescribir la misma constitución a través de organizar manifestaciones para presionar el congreso hacia una constituyente. Pero la cuestión se vuelve, entonces, ¿por qué no usar la movilización y la organización de las masas para luchar directamente por las reformas?

Es cierto que el gobierno Petro ha convocado a marchas en distintas ocasiones para poner presión al congreso y a la corte constitucional a la hora de luchar por las reformas y en contra de la corrupción en las instituciones burguesas. Pero estas manifestaciones se han convocado de manera esporádica y espontánea en días de semanas precisamente para reducir la convocatoria a los mismos de siempre. 

Estas manifestaciones no han logrado concretar las reformas, esto es cierto. Sin embargo, no es debido a la falla de los militantes del Pacto Histórico, sino debido a que la bancada del Pacto Histórico y el gabinete de Gustavo Petro han mitigado las reformas en cada instancia. Hemos visto como la reforma a la salud ha sido mitigada al 50% de acuerdo a Guillermo Jaramillo, ministro de salud, como la reforma laboral y como la reforma laboral murió ahogada en la Comisión Septima para luego regresar de entre los muertos de manera taimada. 

Efectivamente, este es el motivo detrás de esta agitación por una constituyente. Petro ha mitigado las reformas con la esperanza de pasarlas por el congreso pero estás no han podido pasar por el legislativo ya que la oligarquía colombiana está determinada a mantener sus ganancias a como dé lugar y entienden que la economía colombiana no va a crecer lo suficiente para mantener las reformas y sus ingresos. 

Al mitigar las reformas, solo ha alienado a las mayorías históricas que movilizó en 2022 y se ha quedado con una minoría que cree en el cambio y todavía puede causar estragos (como vimos en Febrero durante la marcha a la fiscalía) pero que no puede mover a la oligarquía colombiana.

Esencialmente, estamos viendo a un gobierno en retirada, tratando de preservar su mandato y sus logros, declarando una ofensiva sin los recursos para iniciarla. Sin embargo, la imposibilidad en un futuro cercano de una constituyente es nada más un problema circunstancial. 

¿Qué puede lograr una constituyente?

Para Petro, la meta detrás de la constituyente no es reescribir la constitución de raíz, sino enfocar la constitución alrededor de ocho puntos en particular. 

  • El cumplimiento del acuerdo de paz con la desmovilizada guerrilla de las FARC,
  • Mejorar las condiciones de vida para los colombianos en materia de salud
  • Acceso al agua y renta básica, especialmente para la población de mayor edad
  • Recuperar los objetivos de la Constitución de 1991, priorizando educación pública y reforma agraria
  • Lucha contra la crisis climática y descarbonización de la economía
  • Garantizar la política monetaria manteniendo la independencia del banco central y priorizar el empleo y la producción
  • Un reordenamiento territorial para inclusión de las regiones históricamente excluidas
  • Separar la política de la financiación privada y reformar el sistema judicial.

Este programa político parte de la concepción de que Colombia es un país feudalista. Petro en su entrevista con el Tiempo declara que él es “un socialista” pero que “una sociedad poscapitalista aparecerá es porque se desarrollará el capitalismo”

Sin embargo, hay que entender la naturaleza de las tareas que Petro propone para una constituyente. Estás tareas, cómo la reforma agraria y la unificación territorial, son tareas democrático burguesas que la lucha por la independencia no pudo lograr en su momento. 

Sin embargo, en el periodo de desarrollo capitalista actual, los terratenientes y los empresarios han llegado demasiado tarde al escenario de la historia para cumplir estás tareas y están completamente maniatados al mercado mundial. Esto no solo previene que, por ejemplo, conduzcan una campaña de expropiaciones de tierras como lo vimos en la guerra civil americana y la revolución francesa, sino que hace que defiendan la monopolización de la tierra. El análisis de OXFAM (2018), con datos del Censo Nacional Agropecuario indica que Colombia es el país de América Latina con mayor concentración: 1% de las fincas de mayor tamaño acapara el 81% de la tierra; el 19% de la tierra restante se reparte entre el 99% de las fincas. El 0.1% de las fincas de más de 2000 hectáreas ocupa el 60% de toda la tierra.

Según Petro, la constitución del 91 no se aplicó y es por esto que hay que convocar una constituyente. Pero esto despierta una pregunta obvia: ¿Por qué no se aplicó la constitución del 91? En su entrevista con el Tiempo, Petro declara que esto es debido a que el estado fue capturado por las mafias. Pero al mismo tiempo declara que él no puede decir que su gobierno está libre de esta misma corrupción ya que el estado está íntimamente ligado a las mafias incluso bajo su gestión.

En ese caso, ¿que garantiza que está constitución del 91 2.0 vaya a ser aplicada? ¿Las masas que él está convocando para la constituyente? ¿Las mismas masas que él reprimió con el ESMAD en Villa de Leyva cuando intentaron tomarse las tierras? ¿Las mismas masas a quienes reprimió cuando marcharon en febrero 8 para deponer a la fiscal Mancera?

Es claro que Petro no permitirá que una constituyente amenace las mismas condiciones que, para él, crean la necesidad de una constituyente.

¿Constitución o revolución?

La consigna de una constituyente es errónea ya que otra constitución no podra resolver la cuestión del atasco de las reformas. El incumplimiento de la constitución de parte de la oligarquía a la cabeza del país se debe precisamente al hecho de que la oligarquía colombiana conserva el poder político y económico. 

Pero no solo es errónea debido a la coyuntura política de Colombia. Más bien, es errónea al respecto del periodo histórico en el que se encuentra Colombia. Colombia no es un país feudal en necesidad de una revolución capitalista. Si fuera así, su nivel de productividad sería tan bajo que ningún país capitalista invertiría en Colombia. Más bien, Colombia es un país capitalista con rezagos del feudalismo. Esto se demuestra en qué el 55% del PIB viene de las cinco ciudades más grandes del país y en toda la producción industrial concentrada en grandes conglomerados como Nutresa. 

Una asamblea constituyente que no toque a la propiedad privada y esté dispuesta a expropiar a los banqueros y la patronal será un callejón sin salida que en el peor de los casos, restauraría fe en las instituciones burguesas que Petro ha defendido toda su vida pero que han destruido la vida de millones de Colombianos a través de las décadas, supervisando la explotación de la clase trabajadora y el despojo de tierras de los campesinos. 

Detrás de esto, hay un intento de Petro de movilizar a sus bases a luchar pero sin atacar la propiedad privada. Pero de salir a las calles a luchar por esta constituyente, las bases que lo pusieron en el poder se desgastarán y desilusionarán cuando se den cuenta de que no podrán implementar las reformas por las que de verdad están luchando. Después de todo: ¿Cuál será la composición de semejante asamblea? Petro acaba de ser vapuleado en las elecciones regionales. ¿Que posibilidad tiene de crear una constituyente afín a sus ideales? Mientras tanto, la oligarquía no tiene ningún problema en movilizar a la oposición en todos los ámbitos posibles, desde marchas “pacíficas” hasta el asesinato de líderes sociales. Es claro que no buscan ninguna negociación sino regresar enteramente a los días de Duque/Uribe por cualquier medio necesario. 

Las reformas por las que Petro fue elegido no se van a poder lograr a través de ninguna vía parlamentaria. Solo se podrán lograr en las calles. Sin embargo, la clase trabajadora, el campesinado y la juventud no saldrán a las calles por llamados abstractos a la vida y la libertad. Las masas más bien saldrán a luchar cuando se les arme con un programa que ponga sus destinos en sus manos y les permitan resolver los problemas que el capitalismo crea a través de sus propios medios.

Solo podrá ser la movilización de las masas con métodos militantes de huelgas y manifestaciones masivas las que podrán poner en jaque a la oligarquía colombiana. Las metas de un movimiento con estos métodos, sin embargo, irían más allá de cambios cosméticos a un documento escrito hace más de 30 años. Estos métodos podrían transformar a Colombia de raíz.

Un programa transicional de reformas que reconozca la propiedad privada de los medios de producción, la esclavitud asalariada y el libre mercado como la base del régimen de la oligarquía colombiana podría ser la brújula de semejante movimiento. Sobre la base de esa lucha, se podría tomar la enorme riqueza que Colombia produce para los países desarrollados y sus oficinistas en Bogotá para ponerla al servicio de la clase trabajadora, el campesinado y la juventud colombiana y así lograr la reforma agraria, “mejorar la condición de vida de los colombianos”, “acceso al agua”, “priorizar la educación pública” y todas las otras aristas de la constituyente propuesta por Petro. 

Este programa, sin embargo, nunca será presentado por un partido como el Pacto Histórico que es, en última instancia, una coalición entre los liberales y los reformistas. Es por esto que es necesario construir un partido obrero revolucionario que sirva como una organización de combate dispuesta a pelear en las calles, en las oficinas, en las universidades y en las fábricas por el poder. Solo con esta organización podremos barrer con la oligarquía colombiana y transformar de manera profunda la sociedad que la séptima papeleta y la carta magna del 91 no pudo rescatar de la pobreza. 

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Gabriel Galeano

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