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En defensa de UNAL: Revolución o barbarie

En defensa de UNAL: Revolución o barbarie

Todas y todos hemos atestiguado las recientes disputas por la rectoría de la UNAL. Desde las altas cortes se ha dejado claro cómo la idea de autonomía universitaria es utilizada a conveniencia por personajes como Ismael Peña o Diego Torres, quienes no son más que títeres de la oligarquía colombiana tradicional. La amistad de Peña con figuras como Paloma Valencia así lo demuestra.

Sus motivaciones no son la educación ni el bienestar de la juventud, sino el negocio dentro de la universidad, del cual se han lucrado durante varios años. Estos personajes representan a la clase dominante colombiana y defienden sus intereses.

No es casualidad que detrás de la decisión de revocar al rector esté el Consejo de Estado, el mismo que hoy pretende revocar el salario mínimo y cuyos magistrados mantienen vínculos con los sectores más rancios de la oligarquía.

Su hipócrita discurso de defensa del país, mientras devengan más de cincuenta millones de pesos mensuales, revela que sus acciones están sesgadas por los intereses de su propia clase: la burguesía nacional, que durante años ha detentado el poder económico y político, ha condenado al país al atraso y ha sido responsable de la persecución y asesinato de trabajadores, campesinos y estudiantes.

El estudiantado ha sido históricamente víctima de esta clase asesina. La universidad no es una isla aislada del país; forma parte de él y, por ende, del sistema que lo rige: el capitalismo. Un sistema que hoy atraviesa una crisis y que en Colombia lucha por frenar el avance de las reformas.

Es claro, entonces, que la clase trabajadora y la universidad tienen un enemigo común: la ya recalcitrante y vieja alianza entre terratenientes y burguesía, que actualmente ataca a la universidad.

Por eso la comunidad universitaria debe impulsar el proceso constituyente que se encuentra en desarrollo, no como una simple reforma burocrática, sino con la intención de consolidar una participación efectiva de todos los actores del plantel, desde estudiantes hasta trabajadores. Excluyendo de la Mesa la participación de los buitres administrativos de alto nivel que son los que quieren sabotear el verdadero control democrático que busca la constituyente. Sólo la clase obrera, el profesorado y el estudiantado conocen las necesidades de la institución y deberían controlar su administración

Pero ampliando el espectro de la lucha se logrará un verdadero control democrático de la universidad. Sin embargo, esto no será posible sin una lucha más amplia que supere los muros de la institución. Los estudiantes de hoy, que serán los trabajadores de mañana, deben apoyar a la que será su clase en sus luchas y convocarla a respaldar las propias. Una pelea hombro a hombro debilitará a quienes los atacan en conjunto.

No obstante, el reformismo tiene límites y, si no se derroca definitivamente al gran capital, será imposible alcanzar una genuina independencia que garantice una educación de calidad y verdaderamente democrática. Por ello, es necesaria una revolución socialista con los obreros a la cabeza y un partido revolucionario en su dirección.

Y será la juventud de hoy la encargada de construir ese partido.

¡Abajo Peña y la clase que lo respalda!
¡Por el control democrático de la universidad!
¡Salario y educación solo con revolución!

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Consejo Editorial De Colombia Marxista

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