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Elecciones en Colombia: La gran oportunidad del Pacto Histórico

Elecciones en Colombia: La gran oportunidad del Pacto Histórico

Desde un inicio, las elecciones presidenciales en Colombia han sido un referendo al respecto de las reformas que el gobierno del Pacto Histórico ha propuesto. 

A través de los últimos tres meses, Iván Cepeda (el candidato aspirando a continuar el programa de Petro y el Pacto Histórico) ha tenido que contender con dos candidatos de derecha: Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. 

Sin embargo, es claro que la izquierda colombiana tiene detrás de sí suficiente ímpetu para poder lograr la elección de su segundo presidente. La victoria del Pacto Histórico en las legislativas, en dónde obtuvieron la mayor votación de un partido desde 2003, y las encuestas que tienen a Cepeda obteniendo 20% de la intención de voto por encima de la intención de los candidatos de la derecha demuestran el enorme arraigo de la coalición de Gustavo Petro en las masas. 

Hace 18 años, Álvaro Uribe Vélez salía de la casa de Nariño con una aprobación del 85% sobre la base del Plan Colombia, una campaña de represión contra sindicalistas y líderes sociales. Sin embargo, la correlación de fuerzas ha cambiado y ha puesto a la izquierda reformista en primera posición. Esto se debe, en primera instancia, al Estallido Social del 2021 y en segunda instancia, a la lucha de las masas por las reformas a través de la manifestación social.

La popularidad del Pacto Histórico

El gobierno de Gustavo Petro se puede resumir en una lucha de cuatro años para tratar de implementar un programa de reformas consideradas “deudas históricas”. 

Estas deudas históricas son realmente las tareas de las revoluciones democrático-burguesas que la oligarquía colombiana no ha podido cumplir: la reforma agraria, un sistema de salud, educación, pensiones y condiciones de vida digna para los trabajadores.

Sin embargo, cada intentó de saldar estas deudas históricas ha sido coartado por la oligarquía en una campaña de calumnias y bloqueo sin precedentes. La lucha por las reformas ha expuesto la verdadera naturaleza del estado a millones de obreros y campesinos en el país. 

Aquí el factor subjetivo ha jugado un papel. Petro podría haber capitulado ante la presión de la oligarquía. Sin embargo, el líder del Pacto Histórico llamó a un “paro nacional” en 2025 en apoyo de las reformas. No solo esto sino que amenazó con una consulta popular que pusiera las reformas a voto directo vía referendo. Esto asustó enormemente a la burguesía nacional que teme la iniciativa y la movilización de las masas. 

Esta es la verdadera fuente de la popularidad de Petro, que está saliendo de la presidencia con una aprobación del 45% y con el Pacto Histórico consolidado cómo la fuerza política a derrotar en las elecciones de este año. El arraigo de los reformistas en la clase obrera colombiana es un producto directo de que no abandonaron el programa de las reformas. 

La victoria de algunas de las reformas y el incremento del salario han mejorado la condición de la clase obrera en comparación al período de 2020-2022, dónde el costo de vida había llegado a triplicar el del salario mínimo. 

La victoria del Pacto Histórico en las legislativas de Marzo verifica esto, al igual que la caída de legisladores que lucharon de manera vehemente contra las reformas. Esto, más que cualquier encuesta, demuestra el ánimo de la clase obrera, que quiere continuar la lucha por las reformas en cada frente posible. 

El descrédito del establishment

Las campañas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella están guiadas por la meta de desprender a la clase obrera del Pacto Histórico. 

Por un lado, Paloma trata de presentar una cara más moderada del Uribismo pero trata al mismo tiempo de mantener los votos tradicionales de la derecha. Esta es la base de elegir a un vice presidente abiertamente gay y presentarse cómo la primera mujer presidenta, de ser elegida. Esencialmente, está utilizando la política de identidad para presentar una cara más “inclusiva” de la misma fuerza política que perpetró el asesinato de 7837 civiles en la lucha contra las guerrillas. 

Abelardo de la Espriella ha construido una campaña presidencial con Nayib Bukele y Javier Milei cómo modelos, prometiendo representar a los “nunca” con un programa de austeridad pura y dura que logrará un “milagro” en Colombia. Su aprobación del 24% sobrelleva a Paloma por un 5%.  Esto se debe al clima anti-establishment en Colombia, en dónde casi todas las instituciones públicas sufren de amplia desaprobación

Por ahora, el Pacto Histórico está siendo el mayor beneficiario de este ánimo. En parte, esto se debe a que el programa de Milei está siendo puesto en práctica en Argentina y está desatando una crisis económica y ataques a la clase obrera, mientras que en Colombia el gobierno del Pacto ha logrado elevar los estándares de vida de la clase obrera. 

La gran variable detrás de esto es el imperialismo estadounidense. Sus intervenciones en Venezuela, Argentina y Honduras demuestran que tienen un interés en instalar regímenes acordes a las políticas de Washington sin importar la voluntad de las masas en cada una de estas naciones. 

Sin embargo, Washington ha decidido no intervenir en la primera vuelta de acuerdo a fuentes del Centro Democrático (el partido tradicional de la derecha colombiana) en Miami. La razón detrás de esto es que los resultados en Hungría le han replanteado a la Casa Blanca cómo intervenir. Tampoco ayuda que, después de la última confrontación entre Petro y Trump, la favorabilidad hacia Estados Unidos cayó del 52% al 39% entre los colombianos de acuerdo a Invamer. 

En ese ambiente, lo más probable es que la Casa Blanca elija al ganador de la segunda vuelta cómo parte de un ataque mediatico a gran escala para evitar la victoria de Cepeda. 

Los límites del reformismo

Sin embargo, es muy poco probable que el Pacto Histórico pierda estas elecciones. Cómo comunistas, apoyamos de manera crítica el gobierno de Iván Cepeda y los reformistas en contra de la oligarquía colombiana cuyo programa político se resume en pasar los costos de la crisis del capitalismo a la clase obrera. 

Pero la elección de un gobierno de Iván Cepeda no vaticina una curva ascendente en dónde las reformas son implementadas una por una cómo en una lista de mercado. 

El gobierno Petro está a punto de terminar su presidencia con indicadores macroeconómicos favorables (crecimiento del PIB del 2,9%, inflación en 5% y desempleo al 8,8%) pero detrás de esos números hay dinamita. 

Para iniciar, algunos de estos números deben ser examinados con cuidado. El crecimiento es el producto del incremento de consumo impulsado por los incrementos salariales y la reducción de las tasas de interés después de 2024. 

El bajo desempleo debe ser contrastado con el hecho de que tres cuartas partes del trabajo formal generado en 2025 fue a través de contratación gubernamental. Cuando este dato se empareja con el déficit fiscal, se empieza a formar una imagen menos optimista.

Pero el verdadero problema de fondo está ligado al estancamiento general de la economía colombiana. Los números de crecimiento ocultan que sectores claves de la economía cómo la manufactura y la construcción están mostrando números rojos. Andrés Langaebeck demuestra que sectores clave de la economía colombiana cómo la construcción y el turismo están despidiendo gente. De acuerdo a la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta, el indicador de la utilización de la capacidad instalada en abril de 2025 se situó en 79,2%. Finalmente está la bomba de la deuda externa que está llegando al 60% del PIB.

Un gobierno de Cepeda se encontrará con el mismo asedio que se encontró Petro, en dónde la clase dominante usará todos los medios posibles para detener las reformas. Será un asalto contundente de una campaña de desprestigio mediática, todas las trabas posibles dentro de la maquinaria del estado y la huida deliberada del capital para tratar de evitar que las reformas pasen. 

La motivación detrás de esto es clara: la clase dominante no puede tolerar la implementación de ninguna de las reformas. Esto se debe tanto a que cada una de ellas implica pérdidas para sus ganancias cómo al hecho de que la clase obrera colombiana querrá ir por más con cada concesión obtenida sobre la base de marchas y movilizaciones. 

Entender esto significa que la clase obrera solo puede contar con su propia fuerza si quiere luchar por las reformas. Sin embargo, los dirigentes del Pacto Histórico tienen otras ideas en mente. 

Cepeda en su libro Las tres revoluciones para una Colombia potencia mundial de la vida (2025) declara: “Este respeto por la democracia no es formal ni oportunista. Nace de mi convicción profunda de que la reconciliación nacional, los acuerdos —uno o múltiples—, el fin de todas las violencias, la verdad y la justicia deben ser los principios rectores” 

Esto es una continuación de la estrategia que Petro ha pregonado: la necesidad de lograr un gran acuerdo nacional que incluya a las clases que se sienten excluidas por el proyecto de cambio del Pacto Histórico. 

Sin embargo, la realidad es que nunca darán el brazo a torcer y el capitalismo colombiano no puede proveer las reformas por las que marchamos en 2021 debido a su estancamiento. 

En ese sentido es aún más preocupante que Iván Cepeda declare en su entrevista con María Jimena Duzán que está a favor del capitalismo “productivo”. El capitalismo colombiano, en su improductividad y estancamiento, está diseñado para facilitar el enriquecimiento de los grandes empresarios en Bogotá y sus amos en Washington y Nueva York. No hay una versión de este sistema en dónde Colombia no sea sometida a los intereses del imperialismo. Para saldar las deudas históricas, es necesario romper con el sistema capitalista y el dominio de los yanquis. 

Un voto crítico

Nuestro apoyo al Pacto Histórico es crítico. Este no es un voto de confianza a los reformistas sino un voto para la clase obrera y el campesinado que tendrán que movilizarse para poder defender las reformas. Confiamos plenamente en su capacidad de transformar a Colombia de raíz. Es el hecho de que estén detrás de Cepeda lo que ha atemorizado a la oligarquía colombiana. 

Será en la lucha por sobrellevar la oposición de la burguesía en el congreso que la clase obrera descubrirá que su fortaleza está en sus enormes números y su lugar en la producción de la enorme riqueza de este país. Los comunistas participaremos en esta lucha e intentaremos llevarla hasta la última instancia para derrocar a la oligarquía colombiana. 

No solo esto, nuestra posición es un voto de completo rechazo al régimen del latifundio y el gran empresariado que prometen Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella desde sus respectivas campañas.

En última instancia, explicamos que solo un gobierno de la clase obrera con un programa socialista puede abolir a las EPSs, lograr pensiones dignas, expropiar el latifundio y ponerle fin a las condiciones de atraso que definen a la vida en Colombia. Estos serían los primeros pasos para convertir a Colombia en un lugar digno de vivir para sus obreros y campesinos.

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Consejo Editorial De Colombia Marxista

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