El imperialismo estadounidense ha escalado el bloqueo contra la revolución cubana con la meta clara de subyugar a la isla. La crisis humanitaria desencadenada por la orden ejecutiva del régimen de Donald Trump amenaza con colapsar por completo la economía cubana.
Los tres países gobernados por la izquierda reformista (Brasil, México y Colombia) se encuentran en una encrucijada: o apoyar la revolución cubana y confrontar directamente los intereses de Trump o permitir el asfixio de la isla.
Durante este período, el gobierno de Gustavo Petro intentó enviar petróleo a Cuba pero este fue desviado a República Dominicana por la Marina Estadounidense. Más allá de esto no han habido más intentos y los gobiernos reformistas se han limitado a sus llamados a la ONU a intervenir.
Es claro que el cálculo de parte de la casa de Nariño, en particular, involucra el temor de una intervención estadounidense en las elecciones de Mayo 31 que pueda terminar con un gobierno afín a los intereses de la Casa Blanca
El atraco del buque petrolero ruso Anatoly Kolodkin es notable en esta situación. Trump dijo que “No nos importa que alguien reciba un cargamento, porque lo necesitan, tienen que sobrevivir” y agregó que “si un país quiere enviar petróleo a Cuba ahora mismo, no tengo ningún problema. Sea Rusia o no”.
En realidad, Trump tiene miedo de implementar sanciones contra Rusia ya que el cierre del estrecho de Ormuz ha reducido el suministro de petróleo al mercado mundial significativamente.
En última instancia, esto refleja la correlación de fuerzas real de la situación: el imperialismo estadounidense, a pesar de operar el ejército más grande del planeta, no puede forzar su voluntad en cada país en todo momento. La apuesta de Washington por lograr un cambio de régimen en Teherán ha fallado catastróficamente y ahora se encuentran empantanados en una guerra donde pueden terminar retirándose con la cola entre las patas.
En sus declaraciones de la CELAC, Lula planteó que “no somos más países colonizados. No podemos permitir que alguien pueda entrar en los asuntos y en la integridad territorial de nuestros países” mientras que Petro declaró que las Naciones Unidas ya no puede detener guerras. Cuando el buque enviado a Cuba desde la costa atlántica colombiana fue desviado, Petro llamó a Estados Unidos a cambiar su política con Cuba.
Claudia Sheinbaum declaró el derecho de México de enviar petróleo a la isla pero si lo hace, será a través de la venta a privados. Es decir, de acuerdo a los dictámenes de la administración Trump que busca fortalecer a los empresarios operando en la isla que buscan restaurar el capitalismo en Cuba.
Todas estas declaraciones son correctas pero requieren acciones. Si los tres mayores exportadores de petróleo de la región (responsables de 5 millones de barriles de petróleo al día) no amparan a la isla, la realidad es que toda la ayuda humanitaria que llegue a los puertos tendrá un carácter enteramente simbólico.
El imperialismo estadounidense planea afianzar su control de las Américas por la fuerza, evidentemente. Este es el motor detrás del secuestro ilegal de Nicolás Maduro, el bloqueo energético a Cuba y las intervenciones en las elecciones de Honduras, Argentina, etc.
La caída de Cuba y Venezuela sólo afianzará el dominio del imperialismo en la región. No solo eso sino que es claro que las reformas son completamente inaceptables para Washington. En el caso de Colombia, la oligarquía nacional ha hecho hasta lo imposible para rogarle al Partido Républicano que intervenga contra el gobierno de Petro.
En el caso de Colombia, un país que históricamente ha sido un fortín del imperialismo en América Latina, la defensa de la revolución cubana es de importancia crítica. Cada derrota de la clase obrera en la región solo generará derrotas en la lucha doméstica ya que facilitará el caso a favor de la privatización de sectores públicos y alentará a la burguesía a ir por más.
Si los reformistas quieren implementar su programa, entonces deben luchar para detener el avance del imperialismo estadounidense a través de toda la región. De parte de la clase obrera colombiana, su interés está en el hecho de que la lucha contra el imperialismo estadounidense y su explotación de nuestros obreros y tierras solo puede ser derrotada con una perspectiva internacionalista.
Como bien dijo el Ché Guevara en su momento: “No hay fronteras en esta lucha a muerte, no podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo, una victoria de cualquier país sobre el imperialismo es una victoria nuestra, así como la derrota de una nación cualquiera es una derrota para todos.”