Foto de portada: Luis Carlos Ayala
A dos meses de la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia, la clase obrera, la juventud y el campesinado han dado su primera muestra de fuerza con el inicio del Paro Nacional este 14 de octubre.
Aunque el gobierno habló de una «minoría» de 62.000 personas asistiendo a la movilización, tan sólo en Bogotá, la Plaza de Bolívar, con capacidad para 55.000 personas, se llenó varias veces y permaneció abarrotada hasta pasadas las tres de la tarde. Nada hizo retroceder a los marchantes, ni siquiera el aguacero que cayó al medio día, con granizó incluído.
Es especialmente destacable el ánimo militante de los manifestantes, que salieron a las calles con consignas como «¡Solo el pueblo salva al pueblo!» y expresaban cómo, en apenas dos meses, el actual Gobierno había profundizado la inseguridad y el descontento generalizado.
«Yo amo a Petro y tenemos que defender su legado. ¡Si hay que hacer huelga, hacemos huelga!», comentaba una maestra durante la manifestación, a quien nos acercamos para ofrecerle nuestro periódico.
Sin embargo, no sólo adeptos al petrismo salieron a marchar. Artistas, periodistas, estudiantes, personas sin organización, entre otros, fueron algunos de los sectores afectados por el gobierno actual que se unieron a la movilización.
Varios dirigentes de izquierda, entrevistados en diferentes programas de opinión, se han mostrado sorprendidos por la extensa asistencia y confesaron haber sido pesimistas. Esto demuestra la poca confianza que le tienen a la clase trabajadora.
Y es que este ánimo no surge de la nada. Es el resultado de la reaccionaria presidencia de Abelardo de la Espriella, que ha llegado a la Casa de Nariño con la intención de hacer pagar a las clases oprimidas la crisis del sistema, cuyos efectos comienzan a manifestarse en el deterioro de la economía nacional.
El aumento del 6 % de la inflación interanual es muestra clara de esto y se traduce en un encarecimiento de la canasta familiar. A esto se suman los ataques al gasto social del Estado y la desfinanciación de la educación, la cultura y otros sectores fundamentales.
A todo ello se añade el carácter abiertamente represivo de la política del actual presidente, bajo cuyo gobierno se ha repetido el fenómeno de los falsos positivos con la excusa de perseguir al narcotráfico. No cabe duda de que Abelardo solo puede ofrecer miseria y muerte, pues su única tarea es administrar un capitalismo en crisis.
Esta situación no hará más que intensificar la lucha de clases, que irá adquiriendo mayor fuerza conforme se profundicen los ataques. Esto sumará cada vez más números a quienes están descontentos con su administración.
Por eso, la movilización del 14 demuestra que la clase obrera colombiana no se ha vuelto de derechas ni fascista. Por el contrario, sigue buscando una salida a sus problemas más urgentes y conserva intacta su disposición a luchar para resolverlos.
Precisamente por esto, los CRC, participamos en Bogotá, Villavicencio, Bucaramanga y Cali. Lo hicimos apoyando el llamado a la huelga general, pero explicando también la necesidad de que esta sea organizada desde la dirección del movimiento obrero. En ese sentido, planteamos que el actual Paro debe servir como un laboratorio para preparar la huelga general o, cuando menos, como una oportunidad para poner a prueba su viabilidad.
Lo que sucede en Colombia no es un fenómeno aislado, sino parte de un proceso que se repite en todos los rincones del mundo. En estos momentos, tanto en Francia como en España, la juventud y la clase trabajadora se encuentran en pie de lucha, buscando la manera de enfrentar los ataques del capital. La crisis de vivienda, la falta de presupuesto para la educación, el hambre, las enfermedades, la crisis climática y un largo etcétera son todo lo que este sistema podrido tiene para ofrecer a las futuras generaciones.
Como decía Lenin, «el capitalismo es horror sin fin». Sin embargo, la clase obrera internacional es la única fuerza capaz de ofrecer una salida genuina a esta hecatombe.
En la marcha de este 14 vimos miles de banderas de Palestina, cientos de banderas de One Piece, convertidas en símbolo de resistencia de la generación Z, pero, sobre todo, vimos una presencia cada vez mayor de banderas rojas y un ánimo combativo entre la juventud, que comprende cada vez mejor que, sin una lucha abierta contra las podridas clases dominantes, no habrá futuro posible.
Definitivamente, no hay mejor momento para ser comunistas y construir nuestra organización. Nuestra tarea es luchar hombro a hombro en los escenarios de combate de la clase obrera y explicar allí, pacientemente, nuestras posiciones, haciendo de la teoría marxista nuestra mejor arma.
Fue precisamente la combinación de una firme base teórica, una organización revolucionaria y una intervención decidida en la lucha de clases lo que permitió a los bolcheviques conquistar la victoria en Rusia en 1917. Es ese mismo camino el que debemos recorrer hoy para conquistar la victoria del socialismo, no solo en Colombia, sino en todo el mundo.
¡Por el socialismo en nuestro tiempo!
¡Vivan los CRC!
¡Fuera Abelardo y su clase!
¡Fuera imperialistas de Colombia, fuera sionistas de América Latina!