viernes, febrero 26, 2021
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El Salario Mínimo Se Incrementa Un Poco Y La Calidad De Vida Cae En Picada

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“(…) el salario no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo que suele llamarse precio del trabajo, el nombre especial de esa peculiar mercancía que sólo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre.”

CARLOS MARX. TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL, 1849.

Para la mayoría de colombianos sigue siendo un misterio cómo se logra sostener una familia con un salario mínimo. El pasado 29 de diciembre, Iván Duque, presidente de Colombia, anunció que para el 2021 el salario mínimo mensual será de $908.526 (unos USD $260); un incremento que equivale al 3,5% con respecto al del año anterior. Tanto el Gobierno como los medios de comunicación de la burguesía han dicho todas las mentiras imaginables para mostrar este anuncio como algo bueno, incluso, pretendiendo darse aires de generosidad. Han hablado de porcentajes, han dicho que el subsidio de transporte es ingreso para el trabajador, por supuesto han prometido que esto garantizará empleo. Lo cierto es que en un país sin industria y donde el Estado no asume ninguna responsabilidad para con sus gobernados, esa suma es insuficiente para alimentar, vestir, pagar una vivienda digna con servicios públicos, etc., no digamos a una familia, a cualquier trabajador.

Mientras tanto, el salario de los congresistas, que ya es bastante elevado, se incrementó en un 5,12% para quedar en $34’417.000 por mes (unos U$9.920). Seguro que existen senadores y representantes a la Cámara que consagran la mayor parte de su jornada a cumplir con su labor. Empero, la mayoría, como se puede comprobar por sus intervenciones, son una cuerda de cuasianalfabetos más dados a los vicios que al trabajo o al estudio. Dice la revista Dinero que: “En los últimos 30 años, el salario mínimo ha crecido 17,5 veces, pues pasó de $51.716 en 1991 a $908.526 para el próximo año, mientras que el salario de los congresistas en el mismo lapso pasó de $714.665 a $34.417.000, es decir, se multiplicó por 48 veces.” Viven entre placeres y lujos que resultan desconocidos y lejanos para cualquier trabajador a cambio de respaldar los intereses del gran capital.

La justificación que estos millonarios colombianos presentan es igual de deplorable que sus salarios. El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, que un aumento mensual de $17.556 es razonable ya que “Lo viable es empezar a discutir el incremento basado en la inflación. No creo que la inflación llegue al 2%, pongámosle 1,5% este año. En una situación con este desempleo y con estos costos, la subida debe ser razonable”. Detrás de Carrasquilla hay organizaciones como Corficolombiana (el think tank de Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño del Banco Popular, Banco de Bogotá, AV Villas y Banco de Occidente ) que justifican un incremento tan microscópico al salario mínimo con la pretensión de que  “hay evidencia de que los aumentos excesivos del salario mínimo encarecen el trabajo formal e incrementa la informalidad y el desempleo. El choque en el empleo y los ingresos de los trabajadores hace evidente la urgencia de flexibilizar las condiciones para generar empleo de calidad”. En otras palabras, es necesario que los obreros se mueran de hambre para que los ricos puedan cosechar la fruta de la reapertura económica. 

En estos treinta años —y desde antes— nos han hablado una y mil veces de hacer sacrificios para reactivar el empleo e impulsar la economía. ¿Qué más quieren de un pueblo que ha hecho más penitencia que el mismo San Jerónimo? A cambio, no sólo somos el país pobre de siempre sino que, además, sufrimos la violencia del narcotráfico. Para los ricos es sólo otra fuente de ingresos pero para trabajadores y campesinos significa masacres, desplazamiento, violaciones, explotación infantil, restricción de las libertades, etc. Ahora usan como excusa la situación del COVID-19. Pero es una excusa sin sentido: los trabajadores no recibimos ayuda alguna, el Gobierno no ha hecho nada para reducir los contagios y, a pesar de las promesas, parece que no tendremos vacunas.

La fuerza de trabajo, como cualquier otra mercancía bajo el capitalismo, está sometida a la anarquía de la oferta y la demanda. Esta es, ciertamente, una brecha insalvable. Para noviembre de este año el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) contaba un desempleo del 13,3%. Esta cifra, de por sí bastante elevada, asume como empleado a todo aquel que ha vendido su fuerza de trabajo en algún momento de ese mes, incluso si trabajaron sin remuneración o una inferior a la que define la ley. Por otra parte, el índice de producción industrial en lo que va corrido del año presenta una variación de -10,6%. Incluso si la cifra de desempleo fuera totalmente real, la brecha entre los que buscan un trabajo y quienes están en posibilidad de ofrecerlo es enorme. 

Una brecha de ese tamaño lo único que garantiza es violencia. Hasta ahora, ha sido el método fundamental empleado por las élites colombianas para permanecer en el poder. La burguesía, consciente de esta situación, le ha comprado por dos millones de dólares a la empresa 7M Group (una empresa dedicada a la “consultoría, venta y alquiler de soluciones de movilidad”), cuatro vehículos blindados para reprimir manifestaciones. Además, a mediados de este año estará listo un nuevo comando de la Policía Metropolitana de Bogotá. 

Detrás de este incremento de las migas de pan en el plato de comida de la gente común, hay una intención clara: la protección de los privilegios de la gran burguesía colombiana. Es claro que los millonarios colombianos que dominan el capital tienen como meta final la completa reapertura de la economía y necesitan convencer a la mayoría de la fuerza laboral a sumarse al esfuerzo. La única manera en que pueden intentar cerrarle la puerta a Petro y los sectores que lo respaldan es a través de reformas mínimas y justificarse a través de la recuperación económica del país. 

Sin embargo, es claro que la clase dominante colombiana sabe lo que todos sabemos: que el Covid-19 es una enfermedad para gente pobre. Si eres rico, como Jair Bolsonaro o Donald Trump, la enfermedad no significa una sentencia de muerte, sino un par de días incómodos. Por consiguiente, a ellos nos les importa en lo más mínimo que la mayoría de colombianos que van a recibir este incremento increíblemente moderado estarán arriesgando sus vidas segundo a segundo por el equivalente de $2 Estadounidenses. Ellos simplemente tienen que pasar este periodo tan triste trabajando de manera remota, coordinando todo desde sus torres de marfil mientras que los obreros y campesinos colombianos caen como moscas. 

El Salario mínimo apenas y cubre el mínimo de la Canasta familiar de $800.000 pesos (sin contar con la posibilidad de costos más exorbitantes que pueden hacer que suba a $3.000.000) la idea de que la clase obrera colombiana que está sacrificando todo, desde su salud a sus vidas, para ayudar a este sistema a recuperarse no merezca nada más que un monto que apenas cubra lo mínimo es una vergüenza. Nosotros, desde Colombia Marxista, proponemos que se abran los libros de cuentas a nivel nacional. Es claro que el dinero lo hay para salarios más justos que ayuden a los obreros colombianos a sobrevivir este periodo histórico tan crítico. Los salarios de los congresistas lo justifican. Los ingresos de los millonarios y billonarios colombianos lo justifican. El dinero que se ha prestado a causas como el rescate de Avianca durante la crisis y los influencers que hicieron campaña para Duque lo justifica. 

Pero está claro que las cuentas nunca serán abiertas y que el gobierno nunca será transparente con el uso de su dinero si no se les fuerza la mano. Es por esta razón (y muchas otras) por la que es necesario una organización de obreros y campesinos que reconozca el papel de nuestra clase como el cimiento económico del país. Cuando tengamos eso, podremos usar nuestro poder económico para mirarlos a los ojos y hacer las demandas justas que el momento requiere.

Gustavo Petro y La Teoría Moderna Monetaria

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A finales de enero el senador Gustavo Petro, ante la recaída económica provocada por el segundo pico de la pandemia, sugirió emprender políticas monetarias expansivas, es decir que el Banco Central inyectará masa monetaria por orden de cerca de COP 40 billones de pesos como crédito directo al Gobierno para financiar programas de subsidio y renta a la población vulnerable. 

Inmediatamente, se desató un coro de críticas y justificaciones, entre los opositores que tachaban esto como una locura que solo nos llevaría al “desastre de Venezuela” como las justificaciones de Petro y otros economistas arguyendo que el Banco ha emprendido operaciones de liquidez para sostener al sistema financiero colombiano. ¿Pero qué tanto afectaría una política monetaria expansiva? 

En esencia, lo que el senador Petro y muchos de sus seguidores abogan se enmarca en el estudio de lo que se ha denominado Teoría Moderna Monetaria, impulsada en círculos “progresistas” de izquierda en Europa y especialmente Estados Unidos. Básicamente, la idea es que se puede lograr un financiamiento de políticas fiscales a través de emisiones primarias (masa monetaria en forma de billetes y monedas) que crearía un círculo virtuoso, pues el déficit de Gobierno no es más que la brecha de consumo real que este financia con esa emisión. Es decir, no habría problemas con más impresión de dinero pues el consumo en masa respaldara la misma.

Con esto se justificaría el financiamiento de las políticas reformistas como el ingreso básico/renta universal, salud socializada y subsidios sociales. Correctamente, lo que nos indica lo anterior es que si el Estado, a través del Gobierno de turno, puede “ayudar” a mantener la liquidez del sistema financiero, tanto con emisión primaria de billetes como a través de operaciones en el mercado bursátil utilizando la recompra de títulos de deuda (bonos y letras de tesorería) es posible hacerlo a la sociedad. 

Solamente en el sistema de salud privatizado actual existía una deuda del Estado de cerca de $COP 10 billones hacia 2019, una lastra que los sucesivos Gobiernos han dejado a un lado alegando el tema de la sanidad de las finanzas públicas. Esta cifra es una cuarta parte de lo que el Banco de la República ha operado para mantener la “estabilidad” del sistema financiero. Asimismo, como lo denunció un reciente reportaje, grandes conglomerados recibieron recursos del Programa de Apoyo al Empleo Formal mientras las pequeñas empresas colapsaron por la pandemia. Así mientras se está preparando una reforma tributaria, y se habla de apaciguar a las calificadoras de riesgo existe una masa de liquidez que simplemente se ha acumulado  en el sistema financiero y en los instrumentos de inversión. En palabras simples, si se justifica la deuda para salvar a los capitalistas, es posible hacerlo con la clase trabajadora.

Stephanie Kelton y su libro: el Mito del Deficit: La Teoria Moderna Monetaria y el Nacimiento de la Economia Popular. Las ideas que impulsan este libro son muy populares con la izquierda reformista de hoy.

Pero es en este punto donde las debilidades y los límites de este planteamiento se observan. En primer lugar, esa deuda tarde o temprano deberá ser pagada. ¿Quién debería entonces pagarla? La respuesta sencilla es el Estado, pero aquí es donde el problema aparece. Si se enmarca esto dentro de los límites del sistema capitalista, el Estado (y aún más el Estado colombiano) es controlado y responde a los intereses de la clase capitalista, siendo crucial en esto el control que sobre la creación de leyes tienen a través de sus representantes. Al final,este pago recaerá en la clase trabajadora, pues sin romper con esta lógica el peso de toda esa emisión tarde o temprano se traducirá en impuestos (como vemos en la ya anunciada reforma tributaria), o en la aparición de fenómenos que afecten el valor del dinero.

El dinero debe reflejar la producción material de una economía, la distorsión producida de una cantidad de dinero mayor en circulación crearía fenómenos de inflación (aumento de precios) o deflación (disminución de precios) para ajustarse a la misma, lo que tendría consecuencias nefastas en las capacidades de ingresos de la clase trabajadora. 

El mejor ejemplo por el lado de la inflación es lo que ocurrió en Venezuela, cuando el gobierno trató de paliar la caída en la producción con una mayor cantidad de importaciones en momentos de la caída del precio del petróleo y por tanto de los ingresos del Estado. La impresión de bolívares creó una espiral inflacionaria que devastó la economía, al tiempo que hay que recordar que esta es una moneda de una economía de un país monoproductor petrolero, sin un respaldo fuerte, a diferencia del dólar y el euro, lo que hacía aún peor la distorsión respecto a las tasas de cambio.

Mientras que en los países de la Unión Europea y Estados Unidos, que en teoría sí podrían sostener esas emisiones masivas, la inyección de liquidez (el famoso “relajamiento cuantitativo”) ha provocado una inflación bajísima peligrosamente cercana a la deflación, ya existen bancos en Estados Unidos que están negando depósitos a sus mayores ahorrantes porque tienen reservas demasiado altas y la inversión de los mismos se centra en la negociación en las bolsas. Mientras, el desempleo sigue en niveles altos, especialmente entre los jóvenes y mujeres, y la desigualdad social crece, pues esta inyección de dinero llega no a toda la población sino a los dueños de las acciones y con capacidad de juego en el mercado bursátil.

Por tanto, creer que la solución es una política reformista que no trascienda el sistema capitalista es lanzar el balón hacia adelante, con consecuencias negativas para la clase trabajadora. La desigualdad emanada del sistema, en donde el salario mínimo  está estancado respecto a los retornos de capital y la productividad laboral lo que a la vez redunda en una alta concentración de ingreso (el coeficiente de Gini para Colombia era de 50.4 para 2018), así aunque correctamente para el caso colombiano se señala que estas operaciones deberían buscar ayudar a evitar los peores efectos de la crisis derivada de la pandemia, esto no es una solución real a la desigualdad económica, pues esta es parte de la lógica capitalista. 

La Teoría Moderna Monetaria busca resolver estos problemas de desigualdad, pero no se concentra en el tema de los derechos de propiedad, permitiendo la continuación de la propiedad privada sobre los medios de producción, la raíz de esa misma desigualdad. Mientras eso permanezca, y el Estado responda a la clase dominante, cualquier intento de reforma no prosperará en el largo plazo. Por el contrario, una respuesta socialista aboliría lo anterior, reemplazándolo por la nacionalización de los medios de producción bajo el control de la clase trabajadora. Con la implementación de esto, empezaría el socialismo, una etapa histórica donde el bien social es el fin y no el lucro individual, y con ello logrando el bienestar general de  la sociedad y el fin de las injusticias que la Teoría Moderna Monetaria intenta resolver. 

Referencias

Proponen imprimir más billetes en Colombia por la crisis económica 

Petro desinforma en su trino sobre la emisión del Banco de la República 

Detector: Petro no propuso “imprimir $30 mil millones para acabar con la pobreza” 

Petro propone que el Banco de la República emita billetes para los pobres 

El déficit de la salud se financiará con deuda pública: Juan Pablo Uribe 

Petro propone que el Banco de la República emita billetes para los pobres   

Los grandes grupos económicos que recibieron ayudas durante la pandemia 

Los bancos de Estados Unidos que ya no quieren más dinero de sus clientes  

Información estadística de PRODUCTIVIDAD en COLOMBIA  

https://compite.com.co/wp-content/uploads/2016/07/CPC_Productividad-WEB.pdf

La Naturaleza Actual De La Precariedad Laboral Colombiana

Durante el proceso de discusión del salario mínimo y el balance que se da de las consecuencias (aún no finales) de la pandemia en Colombia, uno de los temas críticos fue el desempleo. Al analizar su evolución, si para 2018 el desempleo se encontraba en 10.4%, en 2020 este llegó a 14.9%, mientras que para la población juvenil en ese mismo período pasó de 19.5% a 35%, se puede observar claramente la dificultad de la inserción laboral, no digamos garantizar trabajos decentes y dignos, ante un entorno de cierre de pequeñas y medianas empresas y dificultades para mantenerse funcionales en las sobrevivientes. 

¿Cuál ha sido la respuesta desde el Estado colombiano, y de los centros de investigación burgueses ante esta situación? Buscar flexibilizar aún más las condiciones de trabajo, como pudo verse en los intentos de sancionar el trabajo por horas y por regiones, como también en las constantes promesas  de que se vienen las reformas laborales y pensionales. La pandemia no ha hecho más que acelerar el proceso, como puede verse en la creciente ola de estudios indicando lo crucial de las reformas y que es necesario ajustar el régimen de prima media y la capacidad de los empleadores para crear empleo, un juego perfecto donde se ayuda a la minimización de costos, a mejorar las estadísticas de empleo y a eliminar el “problema” del salario mínimo, pues si no es así no hay manera de que el sector privado pueda flexionar sus músculos y generar empleo. En suma, El uribismo deja su legado: se formaliza la precariedad, se elimina el salario mínimo y se reduce la cifra del desempleo.”

Y sin embargo se ha visto una mayor concentración de utilidades en sectores económicos como el bancario o el de servicios, siguiendo la tendencia a nivel mundia. Al tiempo que se habla que la población en general ha perdido cifras cercanas a US$ 3.7 trillones los billonarios han ganado US$ 3.9 millones. ¿Cómo es posible este juego de suma cero, expresado en este meme? Este incremento de las ganancias tiene que ver con el aumento de lo que se ha llamado “precariedad laboral”.

Dentro de la economía y el derecho actual no hay una definición estándar pero la precariedad laboral se refiere a toda situación de empleo que implique un salario mínimo o por debajo del mínimo, sin protección social y en condiciones de alto riesgo laboral. En cierta forma, la precariedad también puede ir de la mano con el término de “economía informal” que es una categoría bajo la cual se engloba el trabajo autónomo de sobrevivencia, o coloquialmente conocido como “rebusque”. 

Desde una perspectiva marxista, esto no es un fenómeno sorprendente como lo es para la economía burguesa. Marx explicó de una manera bastante precisa que la competencia capitalista, reflejada en el mercado de trabajo, llevaría a la creación de “ejércitos de reserva” y a una depauperación del proletariado en su calidad de vida. 

“La magnitud proporcional del ejército industrial de reserva, pues, se acrecienta a la par de las potencias de la riqueza. Pero cuanto mayor sea este ejército de reserva en proporción al ejército obrero activo, tanto mayor será la masa de la plus-población consolidada o las capas obreras cuya miseria está en razón inversa a la tortura de su trabajo. Cuanto mayores sean, finalmente, las capas de la clase obrera formadas por menesterosos enfermizos y el ejército industrial de reserva, tanto mayor será el pauperismo oficial. Esta es la ley general, absoluta, de la acumulación capitalista.”

Muchos criticaron este punto de vista al señalar el aumento del bienestar en las economías capitalistas, especialmente desde los años 60 del siglo XX. ¿Cómo puede hablarse de una caída en las condiciones de vida si hay cada vez más consumo, más acceso a servicios?

Sin embargo, esta dicotomía fácilmente explicada por un análisis dialéctico que demuestra que la polarización explicada por Marx está produciéndose con el paso de los días, y que de la misma depende en gran parte la circulación del capital, y la extracción de plusvalía y ganancia por parte del sistema capitalista, como lo refleja el dato citado anteriormente de los trabajos perdidos y el aumento de ganancias. La mayor acumulación de riqueza, capital y poder está vinculada a una minimización de los costos (salarios) de los trabajadores en las actividades económicas, la dificultad de acumular y que el poder político sea cada vez más transparente en su defensa de los capitalistas. 

Aunque no se elimina que exista una capa dentro de la clase obrera que pueda mejorar sus capacidades laborales, y les permita una mejor posición económica, como por ejemplo, en áreas de tecnologías de la información, el hecho es que la mayoría de la clase obrera cae en situaciones de trabajo precarias, estando eternamente contratados por prestación de servicios, tercerizados (el famoso “outsourcing”), trabajar en aplicaciones como Rappi o Uber en la “economía de las tareas” (“gig economy”), montar negocios de “rebusque” (como ventas, trabajos de cuidado) o en el peor de los casos terminan saliendo de la economia  en las ciudades (prostitución, indigencia).  

Es aquí donde debemos analizar como se benefician los capitalistas de  todos estos casos de precariedad laboral, y eso puede verse en que al minimizar costos y se logra “disfrazar” las cifras de desempleo, se mantienen atados los ingresos en un bajo nivel dado el número de oferentes de su fuerza de trabajo, sumando a esto el miedo de los asalariados a caer en esas situaciones extremas (la famosa frase de “hay 100 atrás tuyo” o “hay que ser agradecidos por tener trabajo”). 

Como en un juego de carambola a tres bandas, iniciado desde las reformas de Virgilio Barco en 1990 y reforzadas por el gobierno de Álvaro Uribe hay tres momentos claves,  La primera banda es cuando, ”la formalización espuria o precaria, las empresas formalizan a los trabajadores a cualquier nivel salarial y con aportes pensionales por horas, es decir, se institucionaliza la pobreza”  legalizando entonces la desigualdad social y justificándola bajo los parámetros de eficiencia e inclusión al mercado formal. La segunda “al pagarse por horas se elimina de facto el salario mínimo, algo que ya venían solicitando varios gremios empresariales con el supuesto objetivo de generar empleo juvenil.” siguiendo los postulados de la teoría ortodoxa bajo la cual el salario mínimo es una barrera al empleo se legaliza entonces el trabajo a destajo, precarizando los ingresos de los trabajadores al no estar atados a un piso mínimo, y finalmente la tercera banda “las personas que trabajen al menos una hora a la semana, dejan de ser desempleados.” se maquillan nuevamente las cifras de desempleo pero sin importar realmente si estos son o no trabajos decentes, como por ejemplo ha ocurrido con los famosos contratos cero horas en Gran Bretaña.

Por tanto, mientras cada vez más población depende de un salario hay muchos que no se asumen “proletarios” derivado de que sus propios trabajos con altos niveles de capacitación hacen que sea “muy difícil, incluso para las conciencias productivas más desarrolladas, rastrear los elementos que les conforman como un único grupo ligado por su posición en el entramado de relaciones sociales de producción” Si a eso se suma la práctica desmovilización de las acciones sindicales (menor sindicalización, propuestas que no arrastran, burocratización) puede entenderse porque muchos trabajadores no se “sienten” proletarios, sino que buscan la ilusión de transformarse en parte del tope de la pirámide, y condenan a sus pares en el fondo de la misma, siendo estos entonces en la práctica abandonados a su destino.

En conclusión, la precariedad laboral y la polarización entre trabajadores, y entre ellos y los burgueses, no son más que muestras del agotamiento del potencial del capitalismo y de su insensibilidad a dar soluciones para la población. El trabajo del marxista es dar a conocer las enormes potencialidades de un sistema que trascienda al mismo, un socialismo basado en la propiedad democrática de los medios de producción por la clase trabajadora, uno que permita alcanzar bienestar y calidad de vida. 

Aunque imperfectos dada la degeneración del Estado proletario, los países como la URSS y Cuba desarrollaron redes garantistas del trabajo y su dignificación, que permitía a los trabajadores y trabajadoras desarrollarse más allá del lugar de trabajo, mediante cursos de actualización, círculos de lectura, conciertos, deportes;  garantizando también el derecho al hogar y a la salud, ambos gastos que quitan grandes proporciones de los salarios en los países capitalistas. Todo esto no es imposible, pero la coyuntura colombiana nos muestra un liderazgo sindical que no busca un cambio del sistema, sino que cree que puede reformarse, y que también ha degenerado en estructuras verticales y excluyentes, que difuminan el potencial revolucionario de la clase trabajadora. Ante esto la tarea es realizar un  trabajo continuo de aprendizaje y propuesta que permita la creación de un partido de la clase trabajadora que represente sus intereses, y que en primera instancia luche y elimine la precariedad laboral y en el tiempo permita disputar el poder a la clase dominante.

Bibliografía

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Jaramillo, I. D., Londoño, D., Rodríguez, P., & García-Suaza, A. (Marzo de 2020). Universidad del Rosario. Obtenido de https://017035e1-a1be-4007-a4b9-2f9be5a00e35.filesusr.com/ugd/c80f3a_edc97b6b3b9c43e088bb8ab2c39fbb38.pdf

Kaplan, J. (25 de Enero de 2021). Workers lost $3.7 trillion in earnings during the pandemic. Women and Gen Z saw the biggest losses. Business Insider. Obtenido de https://www.businessinsider.com/workers-lost-37-trillion-in-earnings-during-the-pandemic-2021-1 

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Medellín, P. (31 de Agosto de 2020). Instituto de Estudios Urbanos, Universidad Nacional. Obtenido de http://www.ieu.unal.edu.co/en/medios/noticias-del-ieu/item/informalidad-laboral-agudizo-crisis-economica-por-el-coronavirus-evidencias-para-peru-y-colombia

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Revista Semana. (25 de Enero de 2021). Tributaria, laboral y pensional, el orden de las reformas en la agenda del Gobierno para 2021. Obtenido de https://www.semana.com/economia/macroeconomia/articulo/tributaria-laboral-y-pensional-el-orden-de-las-reformas-en-la-agenda-del-gobierno-para-2021/202112/ 

Rojo, J. R. (16 de Enero de 2021). Hacia una anatomía contemporánea de los sepultureros del capital. El Salto Diario. Obtenido de https://www.elsaltodiario.com/economia/hacia-anatomia-contemporanea-sepultureros-capital

Denuncia ante las políticas asesinas de Claudia López

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La presente es una denuncia en contra de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López Hernández, cuyas políticas asesinas afectan a toda la ciudadanía capitalina, especialmente a su clase marginada. Basta hacer un repaso por el incumplimiento de promesas de campaña con relación al manejo de recursos, o por la inacción ante hechos tan calamitosos como los del pasado 9 de septiembre y su apoyo a las fuerzas policiales cuyo accionar se asemeja al de una banda criminal, o con la inoperancia en el tratamiento de la pandemia donde también ha incumplido.

Este camino mezquino es el reflejo de la crisis en la que actualmente nos encontramos y de la verdadera posición tomada por la burgomaestre. Por lo mismo, la denuncia actual es consecuencia de la apresurada decisión de empujar a muchos de sus contratistas y funcionarios a las calles en pleno pico de pandemia, con el invierno en su máximo de lluvias y en fechas de vacaciones, cuando más gente hay en las calles. Con esa acción puso en riesgo no sólo a su planta de trabajadores sino también a la ciudadanía, pues, la naturaleza del trabajo de la mayoría de contratistas es territorial y les conmina al trato directo con público. Este es el caso de los profesionales de la salud, adscritos al distrito, quienes desde el inicio de la pandemia han enfrentado un aumento en sus responsabilidades, atendiendo personas contagiadas de barrios vulnerables con escasa protección y que, hoy por hoy, ven un repunte, agudizando su situación laboral e incrementando el riesgo de infección. Y es que según datos del Observatorio de Salud de Bogotá, al 9 de enero del 2021 habían 16.504 casos confirmados de COVID-19 correspondientes a trabajadores del sector de la salud de toda la ciudad, haciendo de este, por obvias razones, uno de los gremios más golpeados. 

Otro grupo de funcionarios que se podría usar de ejemplo son los artistas formadores adjuntos al programa CREA de IDARTES, que trabajan directamente con población infantil y que se ven obligados a enfrentar las calles sin ningún tipo de elemento de seguridad brindado por la institución, más allá de una palmadita en la espalda y una velada amenaza de pérdida del contrato en caso de incumplimiento. Como es de esperar, en este escenario, el acceso a material de cuidado es nulo, muchos CREA deben ocupar el sueldo de sus administrativos para suplir la falta de insumos en jabón, alcohol, termómetros y demás. Ni qué decir de la posibilidad de pruebas de PCR para asegurar un ambiente más tranquilo. Este último tema está casi vetado para la ciudadanía completa por el supuesto aplanamiento de la curva de contagios y reapertura económica, que se decretó en el mes de septiembre del 2020.

Ante la petición de revisión de casos especiales en los que no se podía cumplir la orden, por ser o convivir con pacientes de riesgo, la respuesta ha sido una exigencia perentoria. ¿Con qué tranquilidad sale alguien a trabajar sin preocuparse por la salud de su familia y la propia cuando las cifras, a la fecha, son de 2,015,485 infectados en todo Colombia, de los cuales 592,000 pertenecen a la capital? Somos la quinta ciudad con más contagios, por millón de habitantes, en todo el continente, según SALUDATA. Ahora mismo estamos en alerta roja por la ocupación de camas UCI.  Impacta, además, que las campañas giren en torno a la responsabilidad ciudadana y de parte de las instituciones se haga lo mínimo y más bien se impulse al tránsito libre ciudadano.  

La lógica del contrato, por OPS (Orden o contrato por Prestación de Servicios), obliga a pagar la seguridad social y salud, dejando a la planta de contratistas vulnerables a las mafias de las EPS. No es extraño ver a muchas y muchos corriendo, contagiados, para encontrar una cama para algún familiar en estado crítico sin que la institución les brinde ningún tipo de apoyo o auxilio. 

Para colmo, la excusa para ejecutar esta arbitraria acción no es otra que la de justificar los usos de los lugares alquilados o comprados, por el distrito, y así no enfrentar una acusación de detrimento de espacios públicos, además de buscar cumplir metas de cubrimiento. O sea es una orden con trasfondo burocrático que sólo quiere salvar la imagen de la alcaldesa y su equipo. Todo a costa de la salud de miles de sus trabajadores y trabajadoras. Para el momento en que se escriben estas líneas, ese afán ha bajado; aún así, el regreso al teletrabajo sólo fue un hecho cuando la alerta ciudadana llegó a su punto más álgido y no ha pasado con la mayoría. Esto es una muestra de improvisación, no de planeación.

En realidad existen otros factores para tomar esa decisión, uno de ellos puede encontrarse en la terrible recesión actual, pues, con todo y las medidas de apertura impuestas, únicamente se ha logrado un 60% de recuperación sin poder parar la informalidad y el desempleo. Empujar a las mayorías a las calles para aumentar el flujo de dinero y poder tener a la clase trabajadora en sus empleos durante extensas horas sin preocupación por sus familias es una urgencia de la burguesía nacional que clama por impedir más cierres preventivos. No en vano, la misma alcaldesa, presiona al magisterio para la vuelta a la presencialidad en el 2021, impeliéndoles a dejar las “excusas”. Como si el problema en la actualidad fuese de excusas y no de necesidad y prevención.

Esta no es la primera administración distrital que muestra su desprecio por su planta de contratistas. Hace apenas unos meses más de 30.000 empleados del distrito se quedaron sin pago durante un mes, o más, por culpa de una aplicación mal instalada que detuvo el giro de todas las nóminas y que había sido impulsada por Enrique Peñalosa, anterior alcalde. Aunque el pago finalmente se hizo, llegó tarde para muchos que no tuvieron otra solución que endeudarse más y acceder a una petición de silencio y paciencia, que tampoco podía ser rechazada. Por otro lado, la estructura burocrática no tiene esa paciencia, pues sus exigencias en relación a las tareas administrativas, rebosan lo imposible.

Por todo lo anterior se responsabiliza de todas las muertes generadas a partir de estas medidas e incongruencia directamente a Claudia López y todo su equipo pues ponen en riesgo vidas sin importarles nada. Además, exigimos el cumplimiento de las promesas en relación a la cantidad de camas UCI para atención de COVID que se incumplieron y la necesidad de generar un plan verdadero y serio para mitigar el contagio que está poniendo en riesgo a toda la ciudad. Es igualmente necesario acelerar el plan de vacunación y para esto se debe tener una posición tajante frente a la ineptitud del gobierno nacional. Deben tenerse en cuenta todos los puntos necesarios para asegurar el mantenimiento de las personas en sus viviendas esto debe pasar por el pago de un salario para los afectados y reforzar la seguridad laboral de toda la población, incluida la de la planta distrital que debe tener contratos permanentes y con todas las prestaciones de ley.

A continuación presentamos nuestro programa de choque contra la situación actual de salud pública. 

  1. Mayor inversión en el sistema de salud que debe ser enteramente público para cubrir todas las demandas materiales como el aumento en cuidados intensivos de camas hospitalarias, respiradores e insumos.
  2. Exigencia de la expropiación de las EPS (Entidades Promotoras de Salud) e IPS (Institutos Prestadores de Salud).
  3. Estímulos al avance en investigación y mejora de los medios de producción.
  4. Contratación de todo el personal sanitario disponible y la protección del derecho de trabajo de quienes lo tienen.
  5. Aumentar los ingresos del personal sanitario.
  6. Amparo a los derechos de todos los miembros de la salud y protección de su integridad física con toda la dotación, dentro y fuera de hospitales.
  7. Fabricación masiva de insumos y productos básicos de la canasta familiar siguiendo las debidas normas sanitarias.  
  8. Restablecimiento de la cuarentena total, asegurando el pago de un salario para los afectados y reforzando la seguridad laboral de toda la población.
  9. Puesta en marcha, con urgencia, de un verdadero plan de vacunación que cubra a toda la población.
  10. ¡No a los despidos masivos ilegales, tanto dentro de las entidades estatales como desde el sector privado! Si la clase trabajadora no tiene trabajo la crisis será mayor. 
  11. Condonación del pago de deudas, renta, hipotecas y facturas de energía durante la duración de la pandemia.
  12. Impuesto a las grandes fortunas. Empresa que se declare en quiebra deberá presentar las debidas evidencias y ponerse bajo el control efectivo de sus trabajadores.
  13. Impulsar el no pago de la deuda externa.

Afuera hay gente muriendo, familias enteras incapaces de hacerle frente a esta pandemia y a la crisis que son abandonadas por el Estado a la suerte y la represión.

Es evidente que dentro de los límites de la democracia burguesa y con los mismos en el poder que desde siempre nos gobiernan, las cosas no tienen futuro. Es hora de tomar el poder como trabajadores, lo único que nos ha salvado de una tragedia mayor es la unión que ha comenzado a crearse y cimentarse a raíz de nuestro momento histórico. Bajo el yugo de la burguesía sólo hay muerte y sufrimiento.

¡Abajo la traicionera Claudia López!

¡Abajo Duque y su clase!

¡Arriba el pueblo trabajador!

Joe Biden y Colombia: La Continuación del Imperialismo

Con la posesión de Joe Biden, la clase dominante internacional espera un retorno a la estabilidad de los años de Barack Obama. En la cobertura de las elecciones estadounidenses en nuestro país, es claro cuál era el candidato preferido de los editores y periodistas colombianos, quienes en verdad cantan según la melodía de la clase dominante de nuestro país. Joe Biden representa las esperanzas de Wall Street para restaurar el orden después de cuatro años de la presidencia caótica de Donald Trump. No hay que ver más allá de encabezados como “Joe Biden: honor, capacidad y decencia”  de El Tiempo, ¿Cómo sacar ventaja de relación entre Colombia y EE.UU. en era Biden? de Portafolio.co  o “Biden sería más benéfico para Colombia” de El Espectador. 

Pero hay que ser claros, la elección de Joe Biden no representa una solución de la crisis del capitalismo que vivimos. El Banco de Inglaterra la ha llamado: la peor crisis en los últimos 300 años. De hecho, Joe Biden tomó el poder en medio de esta crisis económica con un déficit en el presupuesto federal de $3.3 trillones de dólares. En toda crisis económica, hay una pregunta implícita: ¿Quién paga? ¿Paga la clase dominante que ha creado las condiciones para la crisis a través de especulación y explotación? ¿O paga la clase obrera con despidos, austeridad y miseria? Esos 3.3 trillones de dólares alarmaron a cualquier banquero de Wall Street y ejecutivo multimillonario en los Estados Unidos. Y son ellos quienes han elegido en Joe Biden a su campeón. 

Es claro por qué la clase dominante Colombiana ve en Joe Biden un gran aliado. Joe Biden se jacta de haber sido el arquitecto del Plan Colombia. El Plan Colombia le ofreció billones de dólares a los gobiernos de Andres Pastrana y Alvaro Uribe Velez para “pelear contra el Narcotráfico”. Naturalmente este dinero se usó para armar a los Paramilitares y ayudar a la Narco-Derecha a tomar control de la tierra hasta el punto que “el 1 % de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder el 81 % de la tierra colombiana. El 19 % de tierra restante se reparte entre el 99% de las fincas.” La misma CIA (Central Intelligence Agency, la Agencia de Inteligencia Central de los Estados Unidos) reconoce que casi ocho millones de Colombianos han sido desplazados debido a este conflicto a un paso de 300,000 desplazados por año desde el 2000 (en otras palabras, desde la implementación del Plan Colombia). No solo eso, pero fue durante este periodo que el uso de Falso Positivos y otras tácticas sucias fueron implementadas y consolidadas con el objetivo de eliminar a líderes sociales, sindicales y activistas.  

Por otro lado, el Partido Demócrata tiene su historial con Colombia más allá de Joe Biden. Después del Plan Colombia, vino el Tratado de Libre Comercio, implementado en el 2012. Hillary Clinton durante su campaña presidencial del 2008 pretendió oponerse a este Tratado mientras que su esposo, Bill Clinton (anterior Presidente de los Estados Unidos) recibió $800.000 (USD) para hablar para Gold Service International, la compañía basada en  Colombia en defensa del tratado que su esposa supuestamente opuso. Después de la elección de Barack Obama en 2008, Hillary Clinton tomó el puesto de Secretaria de Estado donde defendió el record de derechos humanos de Alvaro Uribe Velez durante su Presidencia y luego desarrolló una asociación con Frank Giustra, el fundador de Pacific Rubiales, una compañía Petrolera operando en Colombia oriunda de Canadá con un papel central en las luchas obreras de ese entonces. Esta asociación terminó con Giustra uniéndose a la mesa de dirigentes de la Fundación Clinton. Fue después de esto (y donaciones enormes a la campaña de Hillary Clinton para la presidencia) que Clinton decidió apoyar el tratado de Libre Comercio.

El Tratado de Libre Comercio en su implementación ha sido la arquitectura legal detrás de la imposición de la voluntad del Imperialismo Americano en Colombia. De hecho, durante los primeros 10 meses de la presidencia de Juan Manuel Santos, 104 activistas fueron asesinados por paramilitares y sicarios. Compañías como Dole, Coca-Cola y Chiquita (antes conocida como la United Fruit Company, infame por su rol en la Masacre de las Bananeras) han financiado a cuerpos paramilitares y sicarios para prevenir la organización de obreros en fábricas y sectores de industria claves tanto para la economía Colombiana como para el lucro de los imperialistas. 

El disgusto con Trump es más que entendible. El hombre representa el elemento más obviamente xenófobo, racista y sexista de la clase dominante estadounidense y es una caricatura del capitalismo traida a la vida. Pero hay una diferencia enorme entre la repelencia de la clase dominante colombiana hacia Trump y el disgusto de la clase obrera. Para la clase dominante colombiana, Trump representa un elemento rebelde que ha jugado con fuego con la economía mundial y ha expuesto de la manera más clara los excesos del capitalismo mundial. En su política extranjera, no hay diferencia substancial entre su agenda y la agenda de Joe Biden. Ambos están a favor de la perpetuación del imperialismo estadounidense y de hecho Biden ve en Colombia a la piedra angular (en otras palabras, el servidor principal de los Estados Unidos) y ambos defienden el récord de los Estados Unidos en Colombia, desde el Plan Colombia hasta el Tratado de Libre Comercio. 

El disgusto de los obreros hacia Trump es distinto. Es el disgusto de los explotados hacia un explotador empedernido. Alguien que no tiene ninguna vergüenza en aliarse con la supremacía blanca estadounidense o en tildar a todos los inmigrantes latinos como violadores y hampones. Alguien que se ufana de vivir en torres y apartamentos dorados mientras que emplea los peores métodos de explotación para competir en el negocio de bienes raíces. Alguien que no tiene ningún problema en legitimar a elementos similares como Jair Bolsonaro en Brasil, que se deleitan con el sufrimiento y la explotación de la clase obrera. Para nosotros, Trump no es simplemente una anomalía del sistema sino, la representación máxima de la crueldad del capitalismo. 

Muchos en la izquierda internacional, sin embargo, a pesar de estos hechos han caído en la trampa de apoyar a Joe Biden en su campaña presidencial, tildando a Donald Trump como el principio del fascismo estadounidense. En esto hay que ser más que claros: Donald Trump no es un fascista. El fascismo es un fenómeno específico, no una palabra que podemos escupir cada vez que la crueldad del capitalismo nos sea revelada. El fascismo se refiere a un movimiento en masa usado para destruir al movimiento obrero de manera contundente. En la Alemania Nazi, por ejemplo, los nazis se deleitaron en asesinar a los sindicalistas y quemar hasta los clubes de ajedrez de los sindicatos alemanes. En los Estados Unidos, de hecho, el movimiento obrero no ha sido destruido. Si acaso, ha sido revitalizado por los últimos cuatro años de crisis. 

Pero los líderes del renaciente movimiento obrero Estadounidense todavía siguen al Partido Demócrata de la manera más devota posible. Millones de obreros organizados y cientos de miles de personas en organizaciones como el DSA (Socialistas Demócratas de América) han caído en la trampa del mal menor, declarando que hay que votar por Joe Biden para prevenir las peores consecuencias del capitalismo, mientras que el sistema se deteriora a nuestro alrededor. 

Desde Colombia Marxista, tenemos claro que la única solución al problema que la elección de Joe Biden significa para la mayoría de nosotros es la formación de un partido obrero independiente. Los números los hay. Esto se tiene que enfatizar una y otra vez. Si organizaciones como la Federación Americana del Trabajo cogieran a todos los sindicatos que representan y los organizaron bajo una bandera política, los obreros de los Estados Unidos podrían fácilmente conectar todas sus luchas y convertirlas en una sola lucha contra la clase dominante Estadounidense.

De igual modo, nuestro papel desde Colombia Marxista es proponer lo mismo para los trabajadores colombianos. Si organizaciones como la CUT y sus sindicatos más sólidos como FECODE y USO, organizaran a sus obreros a nivel nacional bajo un programa político que luche por los intereses de los obreros, los campesinos y los oprimidos del país, podríamos finalmente luchar contra el imperialismo americano. Es claro para nosotros que la clase dominante de Colombia no tiene ningún interés en detener a las compañías norteamericanas y que, de hecho, se benefician enormemente del dinero estadounidense. Mientras que los medios de producción estén en las manos de los patrones colombianos, es claro que los obreros y campesinos colombianos serán los empleados más baratos de la clase dominante estadounidense. Un partido obrero colombiano, si toma el poder, podría rehusarse a pagar la deuda a los Estados Unidos que se usa para tomar control de la economía y el estado colombiano. Asimismo, también podría tomar control de los medios de producción y monopolizar el intercambio extranjero, poniendo fin a los explotadores colombianos. 

Joe Biden no representa un futuro brillante para Colombia, solo representa la continuación clara del mismo status quo que permite que a los colombianos se les pague 1.88 centavos de dólar por hora en un país en el cual el costo de vida se incrementa cada día. Para Joe Biden y el partido Demócrata, Colombia solo representa una fábrica y un campo más barato que el que se les garantiza en territorio Estadounidense. Nuestra tarea como Marxistas es exponer esto esto a la clase obrera y ayudarles a ponerle fin a esta relación de explotación que ha definido nuestra historia.

La invasión del Capitolio – El Fin Del Principio Del Trumpismo

Supporters of President Donald Trump climb the west wall of the the U.S. Capitol on Wednesday, Jan. 6, 2021, in Washington. (AP Photo/Jose Luis Magana)

Este miércoles, cientos de personas invadieron el Capitolio de los Estados Unidos en plena sesión para interrumpir la confirmación de la elección de Joe Biden como el próximo Presidente de los Estados Unidos. Los invasores en cuestión eran seguidores de Donald Trump, el presidente actual de los Estados Unidos. Una mujer murió durante esta invasión que no recibió mucha resistencia de la policía metropolitana de Washington D.C. Los invasores simplemente se tomaron el Capitolio para tomarse fotos y detener la confirmación de Joe Biden antes de ser dispersados. 

Muchos en la prensa burguesa han visto estos eventos con el alarmismo que mueve los dólares. En Twitter, se vieron constantes trinos de políticos y cabezas de estado hablando de los Estados Unidos como el gran faro de la democracia mundial. Esta es la primera vez en los últimos 228 años que un edificio gubernamental en los Estados Unidos ha sido invadido de esta manera (la última vez fue en la Guerra de 1812 cuando la Casa Blanca fue quemada por los ingleses) Muchos en la izquierda consideran esto el principio de una toma del poder del fascismo en los Estados Unidos. Pero hay que tener un sentido de proporción con estas cosas. 

Es claro que la invasión del Capitolio es una señal de que la elección de Joe Biden simplemente no terminará con el Trumpismo. Es importante entender por qué. El Trumpismo tiene su origen en las condiciones económicas después de la recesión del 2008 y las políticas del partido Demócrata. Cuando Barack Obama tomó el poder en 2009, lo hizo con un gabinete elegido por Citibank. Después de eso, su tarea principal fue rescatar a los bancos de la ruina financiera mientras que millones de personas perdieron sus casas y demás. Su gran logro legislativo, el Obamacare, fue creado por la Heritage Foundation, un Instituto de Investigación conservador y el modelo principal fue el modelo de salud implementado por Mitt Romney durante su periodo como gobernador de Massachusetts.  Durante su segundo período presidencial, Obama no tuvo ningún problema en tratar de implementar recortes a la seguridad social y otras medidas de austeridad para tratar de complacer a los ricos. 

Ahora bien, nada de esto sugiere que Donald Trump es un hombre del pueblo. Es obvio que Trump es un billonario repelente que refleja los peores aspectos de la sociedad capitalista. Es racista, sexista y explotador a orgullo. Pero su retórica atacando al establecimiento político estadounidense tuvo gran resonancia precisamente porque Obama fue elegido por dos elecciones con lemas de cambio y esperanza y no logró cambiar las condiciones de vida de la mayoría de los estadounidenses. De hecho, Trump fue elegido en gran parte por la abstinencia de millones de votantes que no se vieron reflejados en la elección entre Donald Trump y Hillary Clinton. 

Tampoco ayuda que durante su período presidencial, Donald Trump tampoco hizo nada para mejorar la calidad de vida de la población estadounidense. Los Estados Unidos están pasando por una crisis económica que ha sido propulsada por la respuesta terrible de la administración Trump a la pandemia del Covid-19. Más de 350.000 muertes han ocurrido en los Estados Unidos debido a una respuesta marcada por la falta de acción y el vaivén constante. Para terminar de rematar, la Casa Blanca pasó varios meses peleando por la reapertura temprana de la economía a costa de más contagios para proteger las ganancias de los amigos de Trump. 

Seguidores del Presidente Donald Trump entran al Capitolio Estadounidense en Enero 6, 2021( Photo por SAUL LOEB/AFP via Getty Images)

La presidencia de Trump está marcada por la polarización y la crisis política que tuvieron su expresión en la masacre de Charlottesville en 2017. En este evento, donde las fuerzas de la Derecha Alternativa (‘Alt-Right’) y la izquierda tuvieron luchas campales en las calles de la ciudad de Charlottesville, Trump tomó el lado implícito de la Derecha Alternativa, diciendo que en peleas entre activistas sociales y fascistas auto-declarados habian “personas buenas en ambos lados” y esto se convirtió en el gran patrón de su presidencia. Es claro que Trump incita a los supremacistas blancos que están al núcleo de su base y que no tiene ningún problema con el racismo. 

Muchos en la izquierda y en el campo del liberalismo en respuesta a todo esto, alientan a Joe Biden y lo ven como el hombre que finalmente rescatará a los Estados Unidos de esta pesadilla. Pero Joe Biden no representa nada más y nada menos que el ala derecha del Partido Demócrata. Su tarea principal no es tanto derrotar a Trump o mejorar la calidad de la vida de la mayoría de la gente en los Estados Unidos sino devolver el reloj a los días en los que la mayoría de la gente en ese país confiaba en su clase dominante. Joe Biden, al igual que Donald Trump, tiene su historial de acoso sexual y no tiene ningún problema con la segregación y el racismo tampoco. En su política es bueno recordar su sugerencia con respecto al movimiento Black Lives Matters: ‘Dispárenle en la pierna y no en la cabeza’. Incluso ha dicho de que en caso de que pase una ley de Salud Universal para resolver los problemas del Obamacare, él le daría el veto. Es claro que la presidencia de Biden no mejorará la situación y que el Trumpismo continuará. Es muy probable que Trump sea una fuerza mayor fuera de la Casa Blanca sin tener que ser amortiguado por el establecimiento político de Washington. 

Pero es importante entender que si bien Trump tiene el apoyo de elementos fascistas en los Estados Unidos, esto no hace a su presidencia fascista; de hecho, las fuerzas que siguen a Trump simplemente no tienen el poder suficiente para poder abolir la democracia burguesa que domina a Estados Unidos. Si bien esta banda de matones es repelente y representa cómo la crisis del capitalismo revive toda la misma basura del pasado, sus números no son nada comparados con los de la gente que quiere una solución de izquierda a estos problemas. No hay nada más que comparar el hecho de que si bien cientos de miles invadieron el Capitolio, treinta millones protestaron por el asesinato de George Floyd, en contra del racismo y la brutalidad policial. La facilidad de la invasión del Capitolio tenía más que ver con el hecho de que la policía no tuvo ningún problema con dejar pasar a esta pandilla de Trumpistas ya que reconoció que entre los dos comparten algunos intereses. 

Al final es claro qué es lo que falta: una organización política de la clase obrera que pueda unificar las luchas de sus diferentes sectores. Las 30 millones de personas que marcharon en contra de la brutalidad policial en Estados Unidos durante el verano pasado podrían ser el principio de semejante Partido Obrero, pero lo que falta es el liderazgo. Es por eso que  es clave la participación del liderazgo sindical. Organizaciones como los Teamsters o la Federación Americana Obrera podrían fácilmente ayudar a la creación de este partido si no tuvieran como tarea principal la colaboración y conciliación con los jefes. Solo un partido obrero podrá coordinar la defensa de la clase obrera de los ataques de estas bandas de matones ya que, como hemos visto, la policía burguesa no tiene ningún problema en tomar el lado de los seguidores de Trump mientras estos hacen lo que quieran. 

Esta necesidad también está presente en Colombia: tanto aquí como en Estados Unidos, la corrupción es visible para el observador más casual y sabemos que la clase dominante no tiene ningún interés más allá de la explotación de las clases obreras de ambos países. Nuestra tarea como Marxistas es pelear por la creación de una organización donde podamos expresar de manera política nuestras necesidades y coordinar nuestra lucha por un mundo mejor. En este año pre-electoral, no podemos ganar si seguimos el ejemplo de la izquierda estadounidense y seguimos a los liberales y reformistas. Más bien nuestra tarea es consolidar el movimiento de izquierda en el país alrededor de un programa socialista basado en el simple hecho de que vivimos en un periodo de abundancia histórica y que la razón detrás de esta abundancia no son los billonarios como Sarmiento Angulo sino la clase obrera, que es el mismo motor de la sociedad. Cuando tengamos ese movimiento, podremos confrontar a nuestra clase dominante y deshacernos de ella.

Reflexiones sobre el orígen de la burguesía en Colombia

Con mucho orgullo, republicamos este articulo, originalmente escrito en 2011 que presenta una perspectiva materialista e histórica con respecto a la formación de la clase dominante de Colombia. Es clave para nosotros el tener un método científico que condicione las ideas de lucha del periodo actual y esto definitivamente incluye nuestro análisis de la historia de Colombia. Por consiguiente, es necesario tener un entendimiento claro del origen del método de producción en Colombia, la clase que dirige este método de producción y la mentalidad de los explotadores Colombianos. Solo de esta manera podremos empezar a comprender la tarea de deshacernos de esta clase parasita que vive de la labor del obrero Colombiano.


“El descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de la India y de China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido, y aceleraron con ello el desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.”

Marx y Engels

Mientras que la historia de las naciones más desarrolladas de Europa nos permite demarcar de manera más o menos precisa los hitos que definen los orígenes de la burguesía y su conquista del poder político, para el caso de países atrasados resulta difícil adelantar el mismo proceso; principalmente porque el capitalismo se nos presenta aquí como un proyecto adelantado a medias.

Para el caso de Colombia nos encontramos con una élite que primero se constituye en clase dominante y de manera tardía y paulatina se convierte en burguesía; es decir, en “…la clase de los capitalistas modernos, que son los propietarios de los medios de producción social y emplean trabajo asalariado.”(2) Antes de ello, el poder económico y político de esta élite se fundamenta en lo que los historiadores han dado en llamar el modelo hacendario; rezagos del cual perduran en la actualidad y cuyo última expresión política se dio bajo el régimen de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010).

Los orígenes de la élite dueña del poder político y económico en Colombia están profundamente ligados al proceso de Conquista y Colonización adelantado por el Imperio Español en nuestro territorio. Quien quiera sumergirse en nuestra historia encontrará que los apellidos de los jefes colonizadores de ayer se repiten en muchos de los burgueses de hoy.

El Imperio Español no era exactamente una potencia que basara su poder en el capitalismo como sistema económico. Surge entonces una primera contradicción que, por ende, explica la realidad. Nos dice el teórico marxista Alan Woods: “Aunque España era la potencia dominante en Europa, su desarrollo social iba por detrás del de Inglaterra, donde las relaciones capitalistas en la agricultura ya estaban muy avanzadas…” y añade más adelante: “A principios del siglo XVI el capitalismo se había ya desarrollado tanto en España como en Inglaterra. Sin embargo, paradójicamente, el descubrimiento de América y su saqueo por parte de España sirvió para asfixiar al capitalismo español en su nacimiento. La afluencia de oro y plata de las minas esclavas del nuevo mundo minaron el desarrollo de la agricultura, el comercio, la manufactura y la industria española. Atizó el fuego de la inflación y en lugar de prosperidad creó miseria.”(3)

La Conquista de América no es obra de la aristocracia española, que prefirió siempre la árida península ibérica al fértil trópico. “Es el pueblo llano (los labradores libres, los hidalgos sin trabajo, los pícaros citadinos, los soldados que vacan de las guerras de África, de Flandes o de Italia) quienes avanzan sobre el territorio hallado por Colón.”(4) Es decir, los primeros elementos de la clase opresora en el Nuevo Mundo provienen de las capas atrasadas de un estado atrasado, aunque poderoso. No son burgueses ni de cerca, si acaso semi-proletarios.

Así, el primer modelo de explotación que imponen los conquistadores españoles en América no es el capitalismo sino la encomienda.

“Formalmente, la encomienda significa la entrega «de un grupo de familias de indios, con sus propios caciques», a la tutela de un español, para que éste atendiera a su cristianización y a su defensa. A cambio de tal servicio, el encomendero adquiría legalmente (hasta 1542) el derecho de recibir para sí los tributos que teóricamente pertenecían a la Corona, pagaderos por esos vasallos indígenas y el de beneficiarse con los servicios personales de sus tutelados.”(5)

“La encomienda significó la apropiación de trabajo, materializada tanto en el seno de los pueblos indígenas como bajo la supervisión de los encomenderos o sus delegados –llamados frecuentemente “calpizques”–, que eran indios no pertenecientes a la tribu explotada, mestizos o esclavos negros.”(6)

Se trata de un modelo de producción más feudal que capitalista, aunque firmemente insertado dentro del circuito capitalista internacional, que satisface las necesidades de la decadente aristocracia española y las del capitalismo que emerge de las naciones más desarrolladas de Europa. Un modelo, además, soportado sobre métodos de producción atrasados, ya que para el caso de la minería, principal actividad económica durante la Colonia, los españoles se valían de las mismas técnicas desarrolladas por los pueblos indígenas, mucho más atrasadas que las empleadas en Europa. Esto, por supuesto, producto de su origen de clase y contexto socioeconómico, totalmente desentendido de los avances de la ciencia y la tecnología modernas. (7)

Ya para el siglo XVI, encontramos una actividad comercial bastante limitada:

“Con excepción del oro, el comercio exportador colonial no existe en la práctica. Las limitadas ventas de excedentes agropecuarios o artesanales producidos por los indios para el pago de tributos, apenas permiten al encomendero ejercitar un tenue comercio interregional de tales productos, con uso bien limitado de moneda.”(8)

Sólo hasta finales del siglo XVII “Cartagena desarrolla la que podría denominarse una «burguesía» mercantil urbana. Pero hay que recordar que fueron factores políticos los que determinaron el auge mercantil de la ciudad, ya que fue Cartagena el puerto americano privilegiado por la Corona para verificar el tráfico comercial de casi toda la América del Sur española. Sin los reglamentos mercantilistas que dieron a la ciudad este carácter de paso obligado para la importación y exportación de mercancías, no se hubiera desarrollado la clase comerciante próspera y consciente de su poder que aparece allí…” (9)

El capitalismo colombiano no deviene de la revolución de las fuerzas productivas, sino del resultado de las decisiones políticas que un ente más poderoso toma a partir de sus intereses económicos. Primero será el capitalismo británico, luego el estadounidense. Por otra parte, nuestra burguesía hereda de España un estado burocratizado y corrupto cuyo poder político garantice el monopolio de los medios y relaciones de producción para una élite.

En el siglo XVIII aparecerá Santa Fe (actual Bogotá) una nueva clase de comerciantes que, “…debe su auge a motivos políticos predominantes. La capital, por ser la residencia de numerosos funcionarios y albergar gran cantidad de eclesiásticos seculares, es el mayor centro de consumo del Reino.” (10)

“Por lo que hace a las industrias y a las artesanías, lograron un papel bien exiguo en la formación del poder social urbano. Con la excepción de la zona del Socorro [en el actual departamento de Santander], donde a finales del siglo XVIII se había desarrollado una activa industria textil de tipo artesanal, complementada por la elaboración doméstica de cigarros, originando una clase beligerante y activa de trabajadores autónomos y de comerciantes, en el resto del país la actividad industrial carecía de significación económica o política.” (11)

“Paulatinamente va tomando importancia en la región el comercio importador, destinado sobre todo a satisfacer los consumos de las altas clases sociales y las herramientas que no se elaboraban en el país. Casi todos los comerciantes al por mayor, al final del siglo XVIII en Santa Fe, por ejemplo, son nativos peninsulares o hijos de inmigrantes recientes, como don Antonio Nariño (12). Las viejas familias latifundistas, aunque se vinculen por alianzas matrimoniales con tal tipo de advenedizos, conservan una actitud de vaga reserva respecto del lucro racional y, a la larga, entra en conflicto con los grupos de comerciantes que parecían haberse fundido con ellos,…” (13)

Las actividades económicas durante la Colonia, como habíamos mencionado, se concentran sobre todo en la extracción de oro, particularmente en la región que corresponde al actual departamento de Antioquia (14). Ante la escandalosa disminución de la población indígena durante el siglo XVI, fruto de la brutalidad de los métodos de trabajo inducidos, los propietarios de reales de minas emprenden la importación de esclavos africanos.

“Pero desde época relativamente temprana, frente al gran explotador minero, propietario de numerosas cuadrillas de esclavos que remplazan al indio exterminado, surge un competidor que decidirá de la suerte social de todo el grupo antioqueño: el pequeño minero, «guaquero» o «mazamorrero», que no depende del capitalista y que busca, trashumante, la huella de filones aparentemente agotados o abandonados, «batea» el oro aluvional en las arenas de los ríos y excava las sepulturas indígenas a lo largo del territorio.

Mientras que la productividad del gran capitalista minero no se incrementa sino en proporción al número de nuevos esclavos que vincule a la explotación, el pequeño minero independiente depende tan sólo del crecimiento vegetativo de su propia familia para aumentar la producción. Como los métodos técnicos de explotación indígena siguen siendo utilizados, a la larga el «mazamorrero» va dominando la producción de oro y conduciendo a la ruina al empresario de esclavos, a quien solamente innovaciones tecnológicas hubieran podido poner en condición de competir.” (15)

De la mita a la hacienda

“…la verdadera fuente del dominio y la influencia social radicaba en el control absoluto ejercido por el terrateniente sobre los minifundistas dependientes que rodean la gran propiedad y se le subordinan. Este modelo de ordenación social, al desarrollarse con plenitud a lo largo del siglo XVIII, remplazando al viejo régimen encomendero, da origen a una actitud de rebeldía contra las reglamentaciones coloniales y contra la intervención de los funcionarios reales en el proceso de la vida económica.” (16) (Fernando Guillén Martínez).

La mita o concertaje, implantada a mediados del siglo XVI, es lo que permite el paso del modelo encomendero al modelo hacendario.

“Los mitayos o concertados eran asalariados pero en un sentido muy diferente al que connota dicha categoría bajo el capitalismo. En efecto, el concertaje suponía un contrato colectivo entre el cacique o “representante” de los alquilados, encargado de obligarlos a cumplir el concierto, y el usuario le pagaba el jornal estipulado por la administración española. El salario no era entonces el equivalente del trabajo necesario del mitayo y por tal razón el usuario se comprometía a alimentarlo mientras estuviera a su servicio.” (17)

Pero la mita también estaba destinada a fracasar. La población indígena no estaba preparada para asumir la explotación española.

Antes de la Conquista “El tiempo de trabajo necesario para satisfacer el bajo nivel de necesidades era,… relativamente pequeño: con tres horas diarias de labor, aprovechando los períodos estacionales más o menos intensos de acuerdo con el ciclo de los cultivos, y con parte de los efectivos tribales dedicados a la caza, a la pesca y a la producción de sal,…”18 se bastaban estos pueblos para suplir sus necesidades y desarrollarse culturalmente. El paso obligado a largas jornadas de trabajo marcadas por la salida y la puesta del sol (para nuestro territorio doce horas, aprox.), efectuadas en condiciones adversas, así como la llegada de enfermedades de Europa, exterminaron a la población indígena.19 Las culturas más desarrolladas fueron las que más fácilmente se sometieron a la dominación ibérica, los sobrevivientes y quienes no pudieron huir a las montañas o a las selvas, se vieron expropiados de sus resguardos y sometidos a la explotación hacendaria, a veces en condiciones menos favorables que los esclavos africanos. Los nuevos hacendados convierten a los concertados en arrendatarios, jornaleros y peones. En todos los casos están sometidos a la voluntad del patrón y si bien el arrendatario puede contar con una parcela para su sustento, es el hacendado quien decide qué se cultiva y en qué cantidades.

La novela costumbrista Manuela de Eugenio Díaz Castro nos brinda un cuadro bastante detallado de la condición del arrendatario bajo el régimen hacendario:

“Hay algunos que tienen un palito de platanal, y hasta el completo de seis bestiecitas pero esos viven en guerra abierta con los patrones, porque no habiendo documento de arriendo, el dueño de la tierra aprieta por su lado, y el arrendatario trata de escapar al abrigo de los montes, del secreto y de la astucia. La primera obligación es ir al trabajo el arrendatario, o mandar al hijo o a la hija; y los que se van hallando con platica se tratan de escapar mandando un jornalero, que no sirve de nada, y de esto resultan los pleitos, que son eternos.” (20)

Siendo la hacienda colonial un modo de producción todavía pre-capitalista los españoles y luego los criollos precisaron de la coerción, la violencia y otra serie de prácticas extraeconómicas para ejercer su poder sobre la población indígena y esclava. Ejemplo claro de ello es la existencia del cepo en buena parte de las haciendas y el cobro de deudas imaginarias inventadas por los hacendados para extraer más horas de trabajo de los analfabetos e ignorantes peones. Desde entonces los hacendados y luego la burguesía han precisado de la violencia para ejercer el poder político sobre las masas de desposeídos.

La revolución de los comuneros y el fracaso de Bolívar

El 16 de marzo de 1781 los pequeños comerciantes y los artesanos de Socorro promueven un levantamiento popular que se conoce como La Revolución de los Comuneros.

Las sucesivas crisis económicas y derrotas militares que enfrenta el Imperio Español llevan a un endurecimiento de su política fiscal en las colonias. Los diferentes tributos impuestos por los funcionarios españoles en la segunda mitad del siglo XVIII, particularmente los estancos al tabaco y al aguardiente, son la principal motivación para que se movilicen los artesanos y pequeños comerciantes de la provincia de Socorro. Éstos consiguen el apoyo del pueblo llano, pero este no sólo apoya la iniciativa sino que se constituye como vanguardia, elige a sus jefes de entre los promotores de la insurrección y exige de ellos una dirección revolucionaria.

Esta presión popular sería uno de los motivos que expondrían en su defensa los jefes revolucionarios a las autoridades del Virreinato al momento de capitular, traicionando la confianza y buena fe del pueblo que habían convocado. Ante la perfidia, el pueblo elige como líder al mulato José Antonio Galán (1749-1782) que llama a continuar con la Revolución y llevarla hasta sus últimas consecuencias. Pero Galán es derrotado por la alianza de los jefes traidores con las autoridades virreinales. Es torturado, asesinado y posteriormente sus miembros son expuestos en diferentes partes del país.

“Esto trae como consecuencia la alianza prima faciae con los hacendados que buscan igualmente la supresión del poder político español, el cual estorba a sus intereses económicos y sociales y pugna con la estructura de su grupo dominante.”(21)

“Para los hacendados de Santa Fe dueños del poder local de los cabildos y de la lealtad adscripticia de peones y arrendatarios en la zona central de la actual Colombia, la sublevación tiene el carácter de una lucha larvada contra la burocracia centralista e intervencionista que les cerraba el paso hacia el control total del poder y la consecuente dominación paternalista de toda la sociedad neogranadina.” (22)

“Cuando se logra la separación política de España y los hacendados consiguen directamente el control del poder político, esta supremacía expansiva se hace irresistible, sobre toda otra forma de organización institucional.

La fase final de este proceso de predominio la inician las guerras intestinas entre federalistas agrarios y centralistas comerciantes que inauguran la época independiente al nacer el siglo XIX.”(23)

Tenemos entonces aquí otra diferencia relevante con respecto a Inglaterra o Francia. Las élites opresoras cuentan con poder político sin ser todavía burguesía y sin pretensiones serias de constituirse como tal. La implementación del capitalismo en Colombia se dará más por exigencia del capitalismo internacional, que se mueve hacia su fase superior, que por iniciativa del conjunto de élites que surgen a partir del siglo XVIII. Éstas prefieren mantener las relaciones de servidumbre entre hacendados y peones que permitir la libre venta de la fuerza de trabajo, requisito fundamental para la explotación capitalista.

El primer proyecto serio de implementar el capitalismo en la Nueva Granada y consolidar una burguesía progresista que lidere el proceso viene de Simón Bolívar, profundamente inspirado por Bonaparte, Francisco de Miranda y la Revolución Francesa:

“Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria.”(24)

Bolívar tenía claro que las capas populares de la América Española sometidas a la atrasada hacienda no constituían una clase revolucionaria. La oligarquía hacendaria parecía ser el primer punto de partida para consolidar una burguesía, pero Bolívar a poco de promover su proyecto político entre ellos se daría cuenta de que “…las personas cuya buena voluntad más necesitaba eran precisamente las que peor hostilidad terminaban manifestándole. Tal era su destino: luchar contra los hombres que, de haber sido sus aliados, hubieran facilitado extraordinariamente los magnos propósitos a que lo impulsaban su amor a la gloria.”(25)

Durante las guerras de independencia aparece entre las tropas realistas la figura de Tomás Boves (26). Para 1812, la I República de Venezuela es derrotada por Domingo de Monteverde. Por esos años Boves hace parte de las tropas realistas y por orden del mariscal de campo Cagigal marcha a Angostura (actual Ciudad Bolívar) a formar un ejército. Al encontrar que el programa de los patriotas no ha tenido acogida en los llanos levanta a la inmensa población de mestizos e indígenas contra los blancos. En palabras de Liévano Aguirre: “…se revela como uno de los más formidables demagogos que han hablado de los pueblos americanos.”(27)

El 9 de marzo de 1815 Bolívar, luego de la derrota de la II República de Venezuela y traicionado por la oligarquía neogranadina, aborda un buque inglés rumbo a Jamaica. Después de haber sido un criollo adinerado, al llegar a Jamaica Bolívar debe vivir en condiciones de pobreza y necesidad. Es allí donde redacta la Carta de Jamaica. En ella demuestra lo inexorable de la independencia de América y luego de hacer un análisis de las perspectivas políticas del momento concluye la necesidad de unir a las provincias de la América Española en un estado fuerte y poderoso. A fines de ese año Bolívar viaja a Haití a entrevistarse con Alexandre Pétion, quien le ofrece apoyar la causa revolucionaria a cambio de decretar la libertad para los esclavos. Son estas experiencias las que llevan a El Libertador a soportar su proyecto político con un programa social, extremadamente revolucionario para su contexto.

Bolívar pretendió entonces, inspirado en la Grande Armée napoleónica, crear un Ejército Regular conformado por soldados profesionales que obtuvieran ascensos en virtud de sus logros militares y los servicios prestados a la patria. El carácter moderno de este ejército y su disciplina, que contrastaba con la pereza y falta de visión característica de la oligarquía, debía conformar una casta de oficiales capaz de orientar hacia el capitalismo, no sólo a Colombia (entonces integrada por la Nueva Granada, Quito y Venezuela), sino a la América Española. Además, “…existía en América una peligrosa realidad social, susceptible de ser aprovechada por la Santa Alianza o por Inglaterra para establecer en América un nuevo tipo de coloniaje.”(28)

El Ejército Regular no sólo era el germen de una burguesía “modernizadora”, sino que además garantizaba la defensa militar del pueblo liberado obligándolo a prolongar su avance histórico; no sólo al interior de su territorio, sino a lo largo y ancho de toda la América. Bolívar intuía que una América Latina balcanizada sería presa nuevamente del colonialismo, esta vez bajo la forma del imperialismo estadounidense, y por eso avanza el programa de la unidad latinoamericana.

Empero, el proyecto bolivariano fracasa. Las iniciativas de El Libertador son saboteadas por la oligarquía hacendaria encabezada por Francisco de Paula Santander. Llegan incluso a atentar contra la vida de Bolívar y la de sus colaboradores más cercanos, como el Mariscal Antonio José de Sucre, asesinado en 1830. Bolívar se ve presionado a dimitir y en su camino al exilio, pobre y enfermo, encuentra la muerte en Santa Marta. Desintegrada Colombia el Ejército Regular, falto de su comandante en jefe, se torna en un monstruo burocrático en donde se cultiva el odio hacía las élites hacendarias que los condenan al escritorio. Mientras, estas élites emprenden la organización de un estado burgués moderno al modo de las experiencias europeas pero contando con una estructura económica sustentada en relaciones de producción no capitalistas.

“La industrialización que se dio en la Nueva Granada en el período 1830-1850 fue iniciada por los grandes terratenientes con ciertos monopolios de producción otorgados por el Estado, es decir, sin libre competencia y sin el régimen jurídico de libertad que debe acompañarla y a veces con contribuciones públicas, o sea, sin la previa acumulación de capital privado. Todas, sin excepción, fracasaron de una u otra forma.”(29)

La consecuencia natural de este fracaso es el atraso. Algunos jefes del recién nacido Partido Liberal (PL), organizan políticamente a los artesanos, entonces la capa más avanzada de la sociedad. Las Sociedades de Artesanos son aprovechadas como espacio para el debate político; el artesanado concluye que no precisa de la oligarquía y proceden a trabajar al margen del PL, así como a encontrar puntos en común con los veteranos del Ejército Regular.

Con el liderazgo de José María Melo, que obtuvo el grado de general en el fragor de las guerras de Independencia, se lleva a cabo un levantamiento popular en abril 1854 que proclama dictador al viejo héroe de guerra. Ante la amenaza de un enemigo poderoso, los diferentes sectores dominantes de la sociedad se unen para enfrentar la sublevación y antes de que concluya el año Melo es derrocado. Desmantelado el Ejército Regular bolivariano y con los artesanos sometidos, hacendados, comerciantes, políticos, jerarcas eclesiásticos y demás, brindarán con la sangre de los rebeldes su constitución cómo única clase dominante en la entonces República de la Nueva Granada. No podemos hablar de burguesía ya que su poder económico y político está sustentado en relaciones de producción pre-capitalistas30, pero sí de una élite hacendaria que, a partir de entonces, se valdrá de los partidos liberal y conservador (PC) para controlar a las masas a través del ejercicio de la violencia.

Mirando al futuro con la nuca

Había fuertes motivaciones para enfrentar la revuelta del general Melo. En 1844 “…los empresarios antioqueños Francisco Montoya Sáenz y sus parientes rionegrinos, consiguieron que se les concediera en arrendamiento por cuatro años la zona tabacalera de Ambalema [actual departamento del Tolima], prometiendo vender al gobierno a un precio más bajo que el que se pagaba antes a los cultivadores autorizados. Montoya inició así en la Nueva Granada una revolución capitalista que insertó definitivamente al país en el marco del imperialismo financiero y mercantil europeo, aunque las pautas y normas básicas de comportamiento social siguieran sirviendo, bajo la apariencia y con la ayuda de la «modernización» económica, las tendencias y metas procedentes de la «estructura asociativa», creada por la encomienda tradicional.”(31)

Si bien Montoya Sáenz & Co. quiebra en 1858 su proyecto “modernizador” propone una solución para la arruinada y atrasada Nueva Granada: la economía agroexportadora. El territorio de Colombia, llamada entonces República de la Nueva Granada, no sólo es rico en minerales, es además extenso y fértil. Cuenta también con una mayoría campesina sometida al poder de la hacienda que hace lo que el patrón manda. Desde entonces y hasta hoy, la oligarquía se limita a orientar la producción agrícola, y en general su política económica, a partir de las exigencias de un mercado internacional cada vez más turbulento. Ciertamente, la estrategia más ineficaz para dirigir los destinos económicos de un país atrasado, pero la mejor garantía para las élites dominantes de mantenerse en el poder, ya que uno de los puntos más delicados del programa de Melo era la creación de un impuesto al tabaco que se exporta y la protección de las manufacturas internas.

Para 1875 el tabaco entra en crisis. Repitiendo el modelo agroexportador, los oligarcas prueban suerte con el algodón, el añil y la quinua. Cada aventura tiene el mismo resultado: períodos de prosperidad sucedidos de quiebras, bajas en los precios y crisis en los mercados. Paralelo a esto, las atrasadas relaciones de producción, sólo pueden mantenerse a través del ejercicio de la violencia que, llevada al plano político se traduce en un período de intensas guerras civiles que encuentra su final con la Guerra de los Mil Días (1899-1902).

De todos los experimentos que improvisó el modelo agroexportador, el único que representó un verdadero éxito fue el café. Principalmente porque obligó a replantear las relaciones económicas: la producción del grano no pudo prosperar bajo el modelo hacendario. Las mejores experiencias cafeteras se dieron en el departamento de Antioquia, en donde las relaciones de producción eran de tipo parcelario y existía una mayor autonomía en el uso del suelo. Aquellos mazamorreros de la Colonia habían establecido relaciones de producción más libres que resultaron propicias para el desarrollo de una verdadera industria cafetera que presionó el establecimiento de una burguesía y estimuló el capital financiero. Hasta hoy Colombia no sólo es uno de los más importantes productores de café, sino que además la calidad y suave sabor de su grano gozan de amplio reconocimiento internacional. Sin embargo los beneficios del café son usufructuados por la minoría de siempre, mientras que los caficultores viven difíciles condiciones de pobreza y miseria. (32)

Para 1904 la República de Colombia no sólo es un país pobre arrasado por los conflictos internos. Ha sido despojado del departamento de Panamá por el naciente imperialismo yanqui en contubernio con sectores del PC, la miseria se experimenta en cada rincón del país y la mayoría de la población es absolutamente ajena a los avances científicos, culturales y técnicos que caracterizan el siglo XIX en Occidente. La Constitución de 1886 establece las reglas para la adopción del capitalismo, pero marcando distancia con las ideas liberales. El respectivo Concordato con el Vaticano que acompaña el conservador texto pone la educación y el conocimiento en manos de la Iglesia Católica anulando toda posibilidad de desarrollo de la ciencia, la técnica o las artes. El 7 de agosto de 1904 asume el poder el General Rafael Reyes, quien inicia lo que Guillén Martínez llama feudalismo industrial inducido.

Para ese entonces la economía exportadora había encontrado dos nuevos mercados que serán fundamentales para el desarrollo de la economía colombiana a lo largo del siglo XX: el petróleo y el banano; que permitirán el ingreso de compañías extranjeras como la United Fruit Company (actual Chiquita Brands) o la Tropical Oil Company, filial de la Standard Oil. De igual forma, se reactiva la explotación aurífera en beneficio de empresarios ingleses y norteamericanos.

El quinquenio de Reyes (1904-1909) “simboliza un período en el cual se fortalecen y definen esencialmente dos direcciones de la vida económica colombiana: el proteccionismo industrial conferido a grupos privilegiados y la dependencia cada vez más estrecha de los capitales y de los mercados externos de toda la vida social y de la capacidad de decisión del país. Reyes construye el eslabón fundamental del neocolonialismo…”(33) Es en esta coyuntura que se crea un clima propicio para el surgimiento de una verdadera clase burguesa en Colombia que, como habíamos dicho, antes de constituirse como tal ya era dueña del poder político.

“La burguesía productora de plusvalía surgiría como tal en el país en varias capas y sucesivos procesos históricos, cada vez con más poder y en mayor número: algunos grandes comerciantes de exportación e importación montaron industrias y bancos, destacándose entre ellos algunos inmigrantes, en especial alemanes, a fines del siglo XIX (Bavaria, Fenicia); del artesanado y las capas medias que se conformaron en Bogotá, Medellín y en Barranquilla surgieron pequeños industriales; varios importantes terratenientes del Valle del Cauca se transformaron en grandes empresarios de los ingenios a principios del siglo XX (Eder, Caycedo); apareció por último, lo que podríamos llamar la “burguesía inmigrante”, de origen judío, sirio-libanés, alemán e italiano que arribó al país entre 1910 y 1940 e instaló medianas industrias.”(34)

Los procesos históricos se dan en nuestro país con lentitud en virtud de nuestro atraso económico. Como vemos, el surgimiento de la burguesía se da casi que por inercia. Pesan más los designios del mercado internacional que la iniciativa de la oligarquía, muy bien acomodada sobre el lomo de los peones y el naciente proletariado. De hecho, lo que encontramos en Colombia en la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX es una constante resistencia a la implantación del capitalismo. Así, los subsidios que crea el gobierno para importación de tecnología son empleados en importación de bienes suntuarios, y las bajas tarifas aduaneras a las materias primas y artículos semielaborados, se aprovechan importando “…géneros desarmados, para armarlos aquí y ganarse derechos de aduana.”(35)

La necesidad del imperialismo de conquistar nuevos mercados, la llegada de extranjeros provenientes de países capitalistas y un buen comportamiento de las exportaciones fueron los factores que convirtieron a la oligarquía colombiana en burguesía.

Liberar la mano de obra implicaba la transformación del peón en proletario, y con ello su liberación de la órbita política del hacendado. Por ende, sólo ejerciendo la violencia en todas sus formas es que la burguesía colombiana puede legitimar su poder político. De aquí que en Colombia no se hayan logrado implantar en la práctica las mínimas conquistas políticas de la democracia burguesa (reforma agraria, libertad de prensa, etc.).

Si bien para 1910 podemos hablar de la existencia de una burguesía dueña del poder económico y político, todavía se ve enfrentada a la hacienda de la cual depende. Por una parte, el proceso de industrialización está condicionado por la explotación agrícola (café, banano, caña) que controlan los hacendados; por otra, la liberación de la fuerza de trabajo pone en riesgo el monopolio del poder político. De tal modo que cualquier intento por modernizar las relaciones de propiedad sobre el suelo se encuentran con la resistencia de los terratenientes y hasta el día de hoy
gozan de un poder político importante en provincia. Son las nacientes organizaciones obreras, campesinas e indígenas, los primeros sindicatos, y movimientos de masas (como el gaitanismo), los que impulsan los procesos modernizadores en la vida económica, social y política del país.

Así, por ejemplo, en diciembre 1928 veinticinco mil trabajadores bananeros de la United Fruit Company en Ciénaga (Magdalena) se declaran en huelga. Los trabajadores son invitados a negociar en la plaza del pueblo. 5000 de ellos se concentran allí acompañados de sus familias. Horas después, unos 300 soldados del Ejército Nacional disparan sobre los trabajadores. Hasta ahora es imposible determinar el número exacto de víctimas. La indignación que produce la masacre de las bananeras se traduce en un debate que promueve en el Congreso Jorge Eliécer Gaitán, a partir del cual los trabajadores lo reconocen como su líder natural. El gaitanismo significará desde entonces una fuerza política de masas sin precedentes en la historia del país.

A pesar de que en el programa político de Gaitán no encontramos nada más avanzado que un reformismo que pretende corregir el atraso social y económico del país, Gaitán implanta una posición de lucha de clases en su discurso. Con los conceptos “país político” y “país nacional”, equivalentes a oligarquía y proletariado, El Jefe descubre a los ojos de los trabajadores la violencia de la que son víctimas. Prueba del progreso político alcanzado por el proletariado es la creación del Partido Comunista Colombiano (PCC) en 1930.

Los excesos del Partido Conservador (en el poder desde 1887), la pérdida de Panamá y la crisis económica (conocida por el país desde antes de 1929), presionaron el regreso del PL al poder en 1930. Los gobiernos de Enrique Olaya Herrera (1930-1934) y Alfonso López Pumarejo (19341938) formados en universidades europeas y con fuertes intereses en el mercado financiero significaron las mínimas reformas que propiciaron la implantación absoluta del capitalismo en Colombia y el sometimiento incondicional del Estado a los intereses del imperialismo.

Para 1945 Colombia es regentada por una burguesía reaccionaria que, concluida la II Guerra Mundial, somete sus decisiones a los intereses de los Estados Unidos y disimula sus simpatías por el fascismo. Esta misma burguesía, necesitada de mantener un dominio absoluto sobre un proletariado que se organiza, desata un período de sangre conocido como La Violencia (1946-1953). En estos años los conservadores organizan grupos paramilitares conocidos como “pájaros” que emprenden una guerra a muerte contra los derrotados liberales quienes, a su vez, arman guerrillas para defenderse. Esta violencia se desborda a partir del 9 de abril de 1948 con el asesinato de Gaitán, al parecer producto de alianzas entre la CIA y el ala derecha del PL. La Violencia es superada luego de una dictadura militar y el Frente Nacional: un acuerdo entre liberales y conservadores para repartirse equitativamente el poder durante dieciséis años (1958-1974). Esto no significa, sin embargo, que el proletariado deje de ser víctima de la violencia estatal.

Tanto la dictadura de Rojas como el Frente Nacional niegan en el discurso y en la práctica la existencia de todo tipo de organización política que se aparte de los intereses de la burguesía. El gaitanismo se desvanece luego de la muerte de su líder y la derrota de sus bases, y las guerrillas liberales son traicionadas por sus propios gestores. Los guerrilleros sobrevivientes de La Violencia constituirán el primer núcleo que dará origen a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) con el apoyo del Partido Comunista Colombiano (PCC).

De otra parte, la afiliación del sacerdote católico Camilo Torres Restrepo al ELN (Ejército de Liberación Nacional), guerrilla fundada por campesinos y estudiantes inspirados por la Revolución Cubana, es una prueba del nivel de persecución política que desata la burguesía apoyada por el imperialismo (Alianza para el Progreso, Plan LASO, etc.) contra cualquier tipo de oposición política. Si vemos los programas iniciales de estas guerrillas (36) encontramos que estos difícilmente iban más allá de los postulados de la democracia burguesa. Las FARC, por ejemplo, nacen sobre la base de un programa avanzado de reforma agraria y antiimperialismo, que sin embargo respeta “…la propiedad de los campesinos ricos que trabajen personalmente sus tierras.” Igualmente convoca a “…pequeños industriales y comerciantes, a la burguesía nacional que esté dispuesta a combatir contra el imperialismo…”(37)

Sin embargo, queda claro a estas alturas que, por lo menos desde 1854 la oligarquía colombiana niega la existencia de cualquier fuerza de oposición. Ésta une los intereses de terratenientes, banqueros e industriales, todos ellos sometidos al imperialismo. A pesar de lo predicado por las FARC en su programa y por diversos sectores de la izquierda, no existe ningún sector genuinamente progresista en la clase dominante, ya que cualquier avance democrático o en defensa de la soberanía nacional pone inmediatamente en cuestión su poder político y sus privilegios. Al no revolucionar los medios de producción, necesita del monopolio absoluto del poder político para frenar el ascenso de la única clase que hoy por hoy podemos calificar de revolucionaria: el proletariado.

Iniciando la segunda década del siglo XX, Colombia no ha visto todavía consolidarse un verdadero partido obrero de masas. La Unión Patriótica (UP), surgida del proceso de paz adelantado con las FARC en 1985, y que adelantaba un programa que difícilmente podemos calificar de socialista, fue objeto de una campaña de exterminio conocida como “Baile Rojo” que se extendió desde 1986 hasta 1997. El saldo fue el asesinato de casi cinco mil cuadros y militantes; es decir, la destrucción física del partido.

En 1991 el PCC rompe relaciones con las FARC y asume la posición de buscar una solución política al conflicto armado entre las guerrillas, el gobierno y los nacientes grupos paramilitares. Si bien esta decisión marca una profunda división en la izquierda colombiano, el proletariado se plantea estrategias de lucha revolucionaria distintas a la acción armada.

En 1999 surge en el seno de la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) el Frente Social y Político, y a pesar de la propaganda neoliberal que predica “el fin de la Historia”, los trabajadores insisten en la creación de organizaciones en las que vean representados sus intereses.

Ante un movimiento popular que no parece dispuesto a someterse ni por las buenas ni por las malas, con unas guerrillas que parecen difíciles de derrotar y ante el advenimiento de una revolución bolivariana en la vecina Venezuela, la burguesía colombiana avala el proyecto político de Álvaro Uribe.

Uribe es hijo de un ganadero pequeñoburgués que logró ascender socialmente gracias a sus nexos con el narcotráfico. (38) Logra un fuerte apoyo político entre los hacendados ganaderos de Antioquia al proponer la legalización de organizaciones paramilitares (llamadas Convivir) y parece ser el indicado para ejecutar el Plan Colombia gestionado por su predecesor Andrés Pastrana Arango (1998-2002). Históricamente Uribe representa la última victoria política de la oligarquía hacendaria y el inicio de su decadencia. Su sucesor, Juan Manuel Santos, significa un débil punto de giro en el que los hacendados y terratenientes se debaten entre someterse a las directrices de la burguesía o lumpenizarse en el narcoparamilitarismo.

El primer gobierno de Uribe inaugura un período de represión política que es apoyado abiertamente por los medios de comunicación de la burguesía, los Estados Unidos de América y otros gobiernos imperialistas. Los trabajadores se ven necesitados de poner fin a la dispersión de su actividad política y así, el grueso de organizaciones de izquierda que rechazan la lucha armada crean el Polo Democrático Alternativo (PDA).

A estas alturas el PDA, que ya cumple cinco años de historia, no ha podido constituirse como un verdadero partido obrero y revolucionario. El asesinato de varios de sus cuadros, la persecución política, las traiciones internas y una compleja campaña mediática de desprestigio constituyen los principales obstáculos para su desarrollo como una verdadera fuerza política de oposición. Sin embargo, la base que sostiene al PDA no para de crecer: los trabajadores son conscientes de que la conformación de un verdadero partido obrero es fundamental para llegar a la conquista del poder.

Características generales de la burguesía colombiana

Si bien en sus inicios históricos en Europa la burguesía cumplió un papel revolucionario, no podemos decir lo mismo de Colombia. La burguesía se constituye como clase en un momento bastante tardío y cargando aún prácticas y métodos propios del Imperio Español. Su política económica ha privilegiado la importación de bienes suntuarios sobre la tecnología y el desarrollo científico. En cuanto a exportaciones nos sometemos a la economía extractiva que nos impone el imperialismo (EUA, FMI, BM, etc.) sin ningún apoyo a las iniciativas por desarrollar una industria nacional. En este sentido se somete dócilmente a los dictados del capital financiero y para poder mantener este estado de cosas precisa de un permanente ejercicio de la violencia. Una prueba obvia de esto es el presupuesto nacional, que privilegia los gastos de defensa sobre sectores más urgidos como la educación, la salud o la vivienda. Por otra parte, la burocracia y la corrupción de los altos funcionarios es la que define la ejecución de los recursos públicos.

La llegada de Juan Manuel Santos al poder es el principio del fin para los hacendados. Empero, esto no significa el final de la violencia contra los trabajadores y mucho menos de su explotación indiscriminada. Las capas más avanzadas de la burguesía logran el control absoluto del poder político en medio de una crisis económica internacional y una crisis invernal que deja más de tres millones de damnificados. Igual que en los días de Bolívar, la élite colombiana prefiere entregarse irresponsablemente al ocio que revolucionar los medios de producción: la condición sine qua non de su existencia. (39)

La burguesía colombiana no ofrece ninguna posibilidad de solución a los complejos problemas que vive el país en la actualidad. Por el contrario, su existencia constituye el origen de nuestros males y su permanencia en el poder garantiza que el actual estado de cosas empeore. Violencia, hambre, ignorancia, enfermedades y corrupción es lo que los dueños del poder tienen para los proletarios. La Unidad Nacional que promueve el actual presidente Juan Manuel Santos fracasa igual que todos los proyectos políticos que la han antecedido. Los trabajadores empiezan a tomar conciencia de ello cuando las migajas que caen de la mesa del burgués no alcanzan para alimentar a la familia y las horas entregadas al trabajo sólo hacen más miserable la vida del obrero. El derrocamiento de la burguesía es el requisito inicial y necesario para poner fin a cinco siglos de explotación y violencia. En estos últimos doscientos años la oligarquía que traicionó a Bolívar ha sido incapaz de aproximar al país a la senda del progreso y mantiene un ignominioso desdén por nuestra soberanía, sometiéndose al dominio del imperialismo. Sólo el proletariado, a la cabeza de los sectores pobres y oprimidos de la sociedad, puede constituir una verdadera alternativa de poder. El derrocamiento de la oligarquía y la expropiación de su poder económico, la abolición del capitalismo pues, es la condición sine qua non para sentar las bases de un auténtico desarrollo. El proyecto de Bolívar de una América Latina unida y fuerte, hoy sólo puede ser posible con la construcción de una Federación Socialista que haga un llamado internacionalista a la clase obrera de los Estados Unidos.

Colombia: A Un Año Del Paro Nacional

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People hold Colombian flags during a protest as a national strike continues in Bogota, Colombia November 27, 2019. REUTERS/Carlos Jasso

Hace un año, el 21 de noviembre de 2019, Colombia vivió la mayor movilización obrera de su historia. Durante esa semana de noviembre, la clase obrera de Colombia, sus sindicatos y líderes sociales se movilizaron en contra de la presidencia de Iván Duque, sucesor elegido de las ideas y principios de Alvaro Uribe Velez. Incluso ciudades como Medellín, refugio tradicional del uribismo, vio a decenas de miles de manifestantes en movilización contra el gobierno de Duque. 

Hoy sigue creciendo la indignación contra el gobierno de Iván Duque; probablemente, el más repudiado de nuestra historia. A tal punto ha llegado su fracaso que Salud Hernandez-Mora, periodista y fiel sirvienta del uribismo y el narcotráfico, ha planteado si Duque “quiere ser otro Santos”. Por supuesto, el principal afectado es Álvaro Uribe quien funge como jefe del presidente de la República. Éste, luego de haber fanfarroneando de su popularidad durante sus dos primeros mandatos, ha renunciado al Senado después de haber pasado por arresto domiciliario. 

La administración de Duque, después de dos años, ha demostrado ser el punto más bajo de la clase dominante Colombiana. Desde la paupérrima respuesta al Covid-19 (con más de un millón infectados confirmados, y con números imposibles de confirmar debido a la falta de pruebas) hasta la destrucción de San Andrés Y Providencia (con la cual Duque planea nada más depender de la “solidaridad Colombiana” para pedir fondos cual mendigo mientras que el gobierno gasta millones de pesos en Influencers y salvando a Avianca), se ofrece un amplio surtido de evidencias de lo que es un gobierno inepto.

Mientras que la clase dominante se encuentra en pánico, la clase obrera colombiana se empieza a despertar y movilizar, como un gigante que ha dormido por años. La inspiración de los luchadores en países como Chile, Ecuador, Bolivia y los Estados Unidos es clara. La culminacion de esta energía por ahora fue la serie de protestas contra del asesinato de Jorge Ordoñez, otro caso historico de otro vaso que rompió el lomo del camello, en donde un año más de explotacion y miseria a costa de la clase obrera de Colombia tenía que recibir alguna respuesta. Y el ejemplo de la huelga general en noviembre del año pasado fue una clara inspiración para ese alzamiento de las masas en contra de la brutalidad policial. 

Si bien la burguesía ha tomado medidas de represión y propaganda para prevenir a las masas de tomar control de la situación, el hecho es que el impulso del pueblo todavía no encuentra un obstáculo lo suficientemente fuerte para evitar explosiones como las que vimos en noviembre de 2019 o en septiembre de 2020. Sin embargo, estas explosiones sólo serán eso si no se encuentra una manera de concentrar la experiencia de la clase obrera a través de estos alzamientos. Sin una organización que pueda dirigir esta energía más allá de la espontaneidad, la clase obrera colombiana se encontrará en un periodo de estancamiento, sujeta a los ataques de una clase dominante que no tiene ningún interés más allá de extraer la mayor cantidad de dinero a través de la explotación y represión de los trabajadores.

La necesidad de la unidad de la clase obrera bajo una bandera que los represente no podría ser más clara. Sin embargo, la mayor parte de organizaciones que integran la izquierda, prefieren insistir el ya tantas veces fracasada estrategia del frente popular y seguir a cualquier progresista que obtenga popularidad sin ofrecer, siquiera, un programa independiente. Es imposible consolidar a los millones de trabajadores que mueven a este país buscando una solución a sus problemas si ni siquiera se les presenta con un programa que represente sus intereses. Hasta ahora, se nos han presentado más egos que ideas. 

Es claro que la política colombiana ha entrado a un periodo distinto desde la huelga de noviembre 21 de 2019. No solo se ve en las explosiones de energía de la clase obrera colombiana sino también en las divisiones en la burguesía colombiana. Políticos como Carlos Fernando Galán y Armando Benedetti han decidido tratar de resolver los problemas de Colombia a través de formaciones políticas independientes. Sin embargo, estas formaciones carecen de contenido independiente auténtico o de una perspectiva que pueda resolver los problemas de Colombia. Más bien, son formaciones políticas con el mismo contenido que la burguesía tiene para ofrecer: la necesidad de la unidad nacional, la recurrencia a la idea de valores abstractos de libertad y ciudadanía, etc. 

Pero aun con la falta de innovación, es claro que la burguesía ha decidido abandonar a Alvaro Uribe Velez y a sus secuaces en el narcotráfico, algo de lo que había necesidad desde hace diez años. Hombres como Galán y Benedetti han decidido cambiar de marca y convertirse en hombres del pueblo. Benedetti, de hecho, como cual rata en el Titanic, se hace llamar Petrista a orgullo. Pero el ímpetu detrás de la propuesta es obvio: la unidad nacional detrás de un frente amplio, donde la clase obrera de Colombia solo sirva como motor para que la burguesía aparente que está atendiendo los problemas que la plagan. Un teatro, en otras palabras, y de la peor categoría. 

La variable aquí es la falta de liderazgo ya mencionada en la izquierda colombiana. Mientras que los líderes de los sindicatos y de las organizaciones obreras en Colombia sigan limitándose estrictamente a la pelea económica sin una perspectiva política de organización, la situación política en Colombia no va a cambiar. Colombia es el país más desigual en Latino America después de Honduras, de acuerdo al Banco Mundial. Más del 50% de la gente en Colombia vive en condiciones de vivienda deficientes, 1% de la población Colombiana es dueña del 80% de la tierra en Colombia. Ninguno de estos políticos burgueses tiene una perspectiva que siquiera reconozca estos problemas por lo que son. La mayoría de los progresistas en Colombia del establecimiento son del tinte de Claudia López, alguien que simplemente ha adoptado la retórica liberal de la burguesía internacional pero cuyas políticas se basan en los ataques de la clase obrera en favor de las clases dominantes colombianas, pero al final beneficiando a las últimas. 

Empero, hay una excepción en la figura de Gustavo Petro. Es claro que Petro aspira a posicionarse al modo de Bernie Sanders en los EEUU o Jeremy Corbyn en Gran Bretaña se han posicionado: es decir, como un populista que desafía a la clase dominante y captura la imaginación de la juventud, dispuesta a pelear por un mejor futuro. Más importante aún es el hecho de que la burguesía Colombiana odia y teme a Petro y los principios que representa. Como todos sabemos, tanto Sanders como Corbyn, como Petro, a la hora final no representan la muerte del capitalismo, pero sí representan por ahora la aspiración de muchas personas en Colombia que entienden que el problema en Colombia son las clases parásitas que succionan sus recursos y explotan a la clase obrera para su lucro. 

Estas mismas personas se desencantan día tras día con la falta de acción de reformistas como Petro y con el engaño de figuras como López y buscan la solución en las teorías e ideas del marxismo. Esto es un desarrollo progresivo, ya que la teoría revolucionaria es el paso necesario para convocar el respectivo impulso y definir la dirección del movimiento. Con esos cimientos se puede crear un programa revolucionario y un partido capaz de poner ese programa en la agenda del día. 

La única manera de finalmente resolver los problemas de Colombia (corrupción, violencia, pobreza, atraso, etc.) es a través del reconocimiento de las causas del mismo: el capitalismo. La burguesía Colombiana no tiene ningún interés en impulsar las fuerzas productivas en Colombia. Están contentos simplemente con ser los lacayos leales del imperialismo y ofrecer a nuestra clase obrera como mano de obra barata a los jefes y banqueros internacionales, así como a sus mafias. 

La crisis del Covid-19 y la crisis del medio ambiente son una evidencia fuerte de lo urgente que es organizar la producción mundial a partir de un plan construido democráticamente. La única manera de obtener esto es a través de una lucha clara basada en los principios e ideas del marxismo. Un serio estudio de la historia nos muestra lo crucial que es tener una base teórica clara a la hora de luchar contra las clases dominantes. En la hora final, la clase obrera colombiana tiene mucho más que ganar a través del uso de su propia fuerza sin las restricciones de la burguesía colombiana al momento de destruir décadas de atraso y saqueo por latifundistas y burgueses.

En esta coyuntura política tan crítica y crucial para nuestros tiempos, urgimos a los lectores de estas palabras a reunirse a debatir estas ideas en sus organizaciones y discutirlas entre los trabajadores. Este periodo requiere ideas claras y acción guiada por estas. Y si estas palabras resuenan con el mismo lector, lo invitamos, ya sea usted trabajador o estudiante, a pelear por una Colombia Socialista.

La pesadilla de los feminicidios: a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Como Marxistas Colombianos nos enorgullecemos en ser parte de una Corriente Internacional que intenta crear una direccion que le pueda dar al movimiento obrero mundial las herramientas para poder luchar contra la enfermedad que contrae terribles sintomas como este: el capitalismo.

La emancipación de la mujer es uno de los principios claves del Marxismo y por consiguiente, la historia de nuestro movimiento ha estado en el primer frente de lucha a favor de la lucha para mejorar las condiciones de vida de la mujer. Esto es particularmente importante en países como el nuestro al igual que países como México, Salvador y Argentina, donde la opresión de las mujeres no solo se ve en la discriminación pero también en el abuso sexual y el femicidio. Por consiguiente, hemos reproducido aquí este articulo escrito por Wilmaira Rios, camarada de Lucha De Clases, la Sección Venezolana de la Corriente Internacional Marxista, publicado originalmente en Noviembre 25.


El 17 de diciembre del año 1999, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su resolución 54/134, asumió el 25 de noviembre de cada año como el día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, gracias a la iniciativa que tuvieran movimientos feministas latinoamericanos desde el año 1981, en homenaje a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa, las mariposas Mirabal, tres hermanas que fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960, por orden del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Hoy se cumplen 20 años de conmemoración oficial de esa fecha, y lamentablemente la realidad para las mujeres y niñas es cada día más deprimente.

El año 2020 ha sido un año en el que las estadísticas de violencia contra las mujeres han aumentado a nivel mundial, y los números parecen no detenerse. El mundo se encuentra en una emergencia feminista, pues esta espantosa realidad no es asunto de un solo país. Todos los años, por esta causa mueren miles de mujeres en el mundo, y las que no mueren, quedan con secuelas físicas y psíquicas que las marcan por el resto de su vida.

El horror de nacer mujer

Según la CEPAL más de 2000 mujeres han sido asesinadas en Latinoamérica en lo que va de año, siendo México, Colombia, Argentina, Guatemala, Honduras, y Venezuela, los países con mayor repunte de casos.

Para mostrar la magnitud de esta situación de barbarie contra nosotras, queremos presentar varios casos que muestran claramente el horror que implica, hoy por hoy, nacer mujer en América Latina.

Ingrid Escamilla

Una mexicana de tan solo 25 años de edad, quien en febrero del presente año fue brutalmente asesinada por su pareja, Francisco Robledo, de 46 años. Como si asesinarla no fuese suficiente, su cuerpo fue degollado y mutilado, y las imágenes de su cuerpo violentado fueron publicadas en varios medios de comunicación de su país. Con ello, la prensa burguesa busca normalizar esta situación de violencia brutal de la sociedad capitalista y patriarcal contra las mujeres. Sin embargo, este hecho más bien profundizó la ira de los mexicanos y mexicanas contra la barbarie de los feminicidios en el país.

Bianca Lorenzana

Este caso es de los más terribles ocurridos en el último mes. El feminicidio se llevó a cabo en Cancún. Bianca Alexis, como era conocida, era otra joven mexicana de tan sólo 20 años de edad. Alexis, quien en vida se identificaba como una activista y defensora de las mujeres, fue desaparecida el 6 de noviembre. Un día después su cuerpo fue hallado en bolsas de plástico.

Tras este macabro hecho, movimientos feministas y organizaciones políticas emprendieron grandes movilizaciones y protestas para pedir justicia, pero la respuesta del Estado fue contener las legítimas y necesarias protestas del movimiento popular a través de los cuerpos policiales, que reprimieron las protestas de forma brutal, incluso con disparos.

Niña de la etnia Embera-Chamí

Se trata de una niña de tan solo 12 años de edad que pertenece a la etnia indígena Embera-Chamí, que fue violada por ocho soldados del Ejército de Colombia. El terrible hecho se llevó a cabo en una zona rural de ese país cuando la pequeña regresaba de la escuela. En su relato, la menor confesó, “yo ya iba para la casa y un soldado me llamó, empezó a decirme cosas, a tocarme», en ese momento ocurrió el primer abuso sexual. «Llegaron otros, eran nueve, solo le ví la cara a tres porque estaba oscuro, uno me tapó la boca para que no gritara, me dijeron que era un secreto, que no dijera nada”. Uno de los soldados, que no participó directamente en la violación, fue quien la acompañó hasta su casa. Los criminales se encuentran protegidos en una cárcel militar.

Es necesario acotar que de las mujeres más acosadas, agredidas y abusadas son las mujeres campesinas, en las comunidades rurales.

Paola Tacacho

Paola es una joven argentina, de 32 años de edad, quien se desempeñaba como profesora de inglés. Era acosada desde el año 2015 por quien fuera su alumno, un joven dos años menor que ella, cuyo nombre era Mauricio Parada. Este joven se convirtió en su verdugo y asesino el pasado 1 de noviembre, cuando Tacacho regresaba del gimnasio. La asesinó en plena calle e instantes después con el mismo cuchillo, se quitó la vida. El caso de Paola Tacacho ha causado mucha indignación ya que ella había realizado 13 denuncias ante las instituciones responsables, y estas nunca actuaron. Este feminicidio pudo haber sido evitado, y debido a ello, ha sido considerado por la opinión pública argentina como un crimen de Estado.

Abigail Riquel y Abigail Luna

Se trata de dos pequeñas argentinas, de 8 años y 2 años y medio de edad respectivamente. Riquel fue a jugar muñecas donde una vecina, y nunca más fue vista con vida. Horas más tarde fue encontrado su cuerpo sin vida, con signos de asfixia y abuso sexual. Por su parte, Abigail Luna fue asesinada por su padrastro, quien la mató a golpes.

Silvia Yesenia Menjívar

Silvia era una joven salvadoreña de tan solo 25 años de edad, quien trabajaba como niñera. Al salir de su trabajo y pretender regresar a su casa, fue acechada por Francisco Alberto, quien estaba obsesionado con ella y llevaba tiempo acosándola. Silvia fue golpeada, violada, y acuchillada.

Sonia Campos

De 44 años de edad, Sonia era una dirigente comunitaria de la ciudad de Maturín, en Venezuela. Fue apuñalada y carbonizada por denunciar a delincuentes de su comunidad. El hecho ocurrió el 17 de octubre del año en curso, y su cuerpo fue hallado en una zona boscosa dos días después.

Grehisly Velásquez

Grehisly era una joven venezolana de tan solo 24 años de edad. Fue apuñalada y asesinada por su padre, quien luego de cometer el terrible acto, le prendió fuego a la casa donde Grehisly vivía con su hija y pareja.

Como se puede ver en los casos mencionados anteriormente, el común es que son femeninas las víctimas y que su verdugo puede ser cualquier hombre, un familiar o un desconocido, e incluso funcionarios de los aparatos represivos estatales.

Es necesario cambiar el sistema

Han sido muchas las campañas que desde la ONU y organizaciones feministas se han realizado para luchar contra este flagelo. Desde el año 2008 hasta hoy la ONU lleva a cabo la campaña “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres”, de igual forma, algunos gobiernos en sus países han realizado cientos de campañas, así como organizaciones políticas y feministas, pero sabemos que en el marco del putrefacto Estado burgués, que sostiene políticamente al sistema capitalista, erradicar la violencia machista y patriarcal no será posible.

Solo destruyendo el capitalismo y consolidando el socialismo, se podrá lograr una profunda transformación social, en donde el simple hecho de ser mujer ya no signifique correr peligro, y podamos vivir con plena libertad.

Sin embargo, no podemos esperar a llevar a cabo esa profunda transformación social, para lograr avances en la lucha contra la violencia de género y los feminicidios. La violencia de género es una lucha inmediata que debemos dar todos los revolucionarios en el mundo, pues la violencia machista, constituye una de las peores formas de opresión.

Es una tarea inmediata de los revolucionarios apoyarnos en la lucha por reformas concretas para mejorar la situación de vida de las trabajadoras y trabajadores, como un medio para impulsar la lucha general por el derrocamiento del capitalismo.

La lucha por la revolución socialista está ligada a la lucha por la igualdad de las mujeres, e indiscutiblemente, la lucha por el derecho a una vida libre de violencia de género es una reforma fundamental por la que debemos luchar con todas nuestras fuerzas, para que algún día, ya no tengamos que conmemorar esta terrible fecha.

¡Luchemos juntas contra la violencia de género, luchemos juntas por el socialismo!

¡Derrotemos al machismo, derrotemos al capitalismo!

La salud de la clase trabajadora en el sistema capitalista

La pandemia del Covid-19 ha revelado de la manera mas clara las contradicciones del sistema del capitalismo. Es claro que este sistema, si no es abolido y reemplazado por un sistema económico democrático liderado por la clase trabajadora, destruirá la vida de la gran mayoría de la población. Todo esto para el lucro de una minoría a la que las consecuencias de la crisis del capitalismo no son nada mas que ruido de fondo. Por esta razón, nos enorgullecemos en presentar este reciente articulo de Lucha De Clases, la sección Venezolana de la Corriente Marxista Internacional, escrito por Enrique Farrugia Ovando y publicado el 23 de Noviembre

Como Marxistas Colombianos, consideramos esencial el seguir los eventos en Venezuela y explicar que las clases obreras de nuestros países debe colaborar a un nivel internacional para luchar contra nuestras clases dominantes y finalmente ponerle un fin a un sistema económico que no hace nada mas que destruir la vida de la gran mayoría de nuestras gentes. Los invitamos a mantenerse al día con la situación en Venezuela y el análisis Marxista de nuestro compañeros a través de luchadeclases.org.ve


El Capitalismo, por su esencia y naturaleza, actúa en función de aumentar el capital, en ese sentido, su principal objetivo es producir más a menor costo reduciendo su inversión y obteniendo más ganancia. Con esta lógica se manejan las empresas y todo lo que dentro y fuera de ella le sea útil para el aumento de dicha ganancia. 

En su afán de lucro y de depredación voraz, el sistema capitalista acaba con la vida de todo, pero de manera más directa acaba con la salud y la vida de la clase trabajadora que es la que se encuentra sumergida en el proceso productivo y en contacto directo con los factores y/o agentes de riesgo, que deterioran y dañan nuestra salud física, mental, social, ambiental y hasta nos quita la vida. 

Ahora bien, el estudio y análisis de la salud de la clase trabajadora bajo el sistema capitalista debe trascender lo técnico y científico, tratando de dar un salto cualitativo en el aspecto político e ideológico ya que el conocimiento técnico y científico debe estar al servicio de la clase trabajadora, es decir, debemos dar dirección política, revolucionaria y socialista a este conocimiento. 

Podemos tener todos los conocimientos técnicos y científicos y avanzar en mejoras dentro de los ambientes laborales, pero estas mejoras alcanzadas solo serán reformas que nos mantendrán en una constante lucha para mantenerlas y no permitir que el patrón nos las arrebate, como hasta ahora lo ha hecho. Si no resolvemos el problema de raíz jamás avanzaremos a una posible solución ¿En manos de quién están los grandes medios de producción? Para avanzar en este asunto, debemos poner rumbo hacia la construcción de una Sociedad Socialista, que se traduzca en la organización independiente, formación, organización y movilización en permanente lucha por condiciones dignas de trabajo, tanto en materia de seguridad y salud como en el aspecto económico, tratando de trascender el marco capitalista de estas luchas. 

Ya muchos lo han dicho, desde Carlos Marx en El Capital hasta Raúl Rojas Soriano en su libro “Capitalismo y Enfermedad”, pasando por Oscar Batancourt, entre otros. 

No se trata de reformar el modo de producción capitalista, se trata de destruirlo para que sea la clase trabajadora la que asuma conjuntamente con las grandes mayorías desposeídas el control de su destino en todos los aspectos. En este sentido, las reformas, que no son malas, deben ser profundizadas para avanzar hacia la SOCIALIZACIÓN DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN y no limitarnos en ellas, el avance en este aspecto garantizará el avance en los demás: económico, social, laboral. De esta manera, se eliminará la división del trabajo y las decisiones serán tomadas por los trabajadores y trabajadoras, el trabajo pasará a ser algo creador y humano ya que la propiedad no estará en manos de unos pocos, se garantizará la salud, seguridad y vida, se eliminará la programación de la organización para el interés del capitalismo, pasaremos a organizar el trabajo de manera de eliminar los accidentes y enfermedades o de que este impacte en lo más mínimo posible en la salud. 

Ahora bien, la lucha por la salud de la clase trabajadora bajo el modo de producción capitalista, como ya lo hemos dicho, debe tener un objetivo estratégico: LA SOCIALIZACIÓN DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN, lo que se traduce en el control no solo del proceso de trabajo sino del proceso productivo, del proceso peligroso, de la distribución y la venta, esto en franca alianza con los sectores populares organizados. Lo anterior, de anteojo, choca con los intereses del capital. Debemos ir avanzando en conquistas que nos permitan tener mejores condiciones de trabajo y para esto debemos prepararnos técnica y científicamente,  pero fundamentalmente política e ideológicamente, lo que nos permitirá tener argumentos sólidos y a través de la organización independiente y unidad, la fuerza para dar la pelea en mejores condiciones. 

El análisis de la salud de la clase trabajadora no puede ser lineal, ni mecánico, no debemos analizar de la misma forma el impacto a la salud de un trabajador o trabajadora en su momento productivo, que labora en horario nocturno, con aquel o aquella que labora en horario diurno. No podemos analizar de la misma forma el impacto en la salud de un hombre y el de una mujer. Incluso en un mismo puesto de trabajo, hay factores impuestos por el sistema dominante que impactan e inciden de manera distinta y que debemos tomar en cuenta para el análisis, así como factores fisiológicos y biológicos. De la misma manera, debemos analizar el momento reproductivo, ya que al encontrarnos en una sociedad patriarcal la mujer cumple con una doble y hasta triple jornada. 

El modo de producción capitalista lo controla todo, incluso nuestra subjetividad, haciéndonos ver que este es el orden natural de todo, siendo esto lo que más obstaculiza los avances. En ese sentido, la formación técnica, científica, política e ideológica juegan un papel preponderante, obviamente combinando esta formación con la acción concreta. La autoformación, formación, organización, movilización y lucha para superar el trabajo tedioso, cansón, monótono y aburrido.

La formación no puede ser solo entre cuatro paredes, esta debe llevarse a los centros de trabajo para ser aplicada de manera práctica y de esta forma enriquecerla con la realidad concreta, y la mejor manera de llevarla a los centros de trabajo es impulsando la organización de la clase. De manera individual no avanzaremos ni un ápice en esta materia ya que ni la transición al socialismo, ni la seguridad y salud de la clase trabajadora son un problema individual. 

El presente periodo de crisis sistémica del capitalismo y de levantamientos y lucha de los pueblos, no debe darse sin identificar al elemento humano, es decir al hombre y la mujer, como los mayores productores de riqueza. Así pues, la lucha por la seguridad y salud de la clase trabajadora y del pueblo pobre juega un papel determinante. 

El conocimiento de los distintos factores de riesgo dentro de los ambientes laborales es sumamente importante, de esta manera podremos actuar en función de eliminar y/o minimizar los efectos a la salud y de prevenir dichos efectos. El sistema capitalista ha potenciado esos efectos a través de los distintos mecanismos de explotación como la flexibilización y la tercerización laboral. También se aplica, aún en los albores del siglo XXI, mecanismos como el Taylorismo1 y el Fordismo2, que dicho sea de paso, jugaron un papel fundamental en su desarrollo, pero también en la acentuación y aparición de nuevas enfermedades.  

Hoy el análisis de la seguridad y salud de la clase trabajadora deja al descubierto el funcionamiento del nefasto sistema capitalista y cómo este nos hunde en paupérrimos ambientes laborales. 

Hay algo que es evidente, la enfermedad, los accidentes y la muerte están mal repartidas. La salud no se distribuye de forma equitativa, las grandes mayorías desposeídas padecemos una discriminación social múltiple, disponemos de menos recursos socioeconómicos, disponemos de una peor atención sanitaria, estamos más expuestos a los factores y/o agentes de riesgo que empeoran nuestra salud, ya sean de tipo personal, social, ambiental y laboral. En resumidas cuentas, no tenemos poder de decisión y padecemos en carne propia las peores epidemias de nuestro tiempo. 

Entender lo anterior es entender que todas nuestras calamidades son generadas por un sistema económico, social y cultural en decadencia, como lo es el sistema capitalista, que a su vez se rige por el control del poder político y económico. En este sentido, debemos buscar las verdaderas causas y dejar de echarle la culpa a las víctimas, generando respuestas que nos alejen del conformismo, propiciando soluciones que permitan plantearnos acciones efectivas. 

Lamentar la muerte sin actuar es como aceptar que la aplicación de la prevención deba realizarse a posteriori. La salud laboral, la prevención de riesgos en el trabajo es un tema fundamental de la salud pública, que ha sido demasiadas veces ocultada y en el que, paradójicamente, los más afectados, los trabajadores y trabajadoras, ven negada sistemáticamente su participación, su voz y su experiencia. 

Bajo el capitalismo actual, los objetivos de las empresas no se han modificado respecto a los de antaño: ser más competitivo que el vecino, obtener el máximo beneficio y sobrevivir como sea. Sin embargo, su alcance sí se ha transformado: sus acciones se sitúan de forma más rápida que nunca en cualquier punto del globo, comprar barato y vender caro; se produce allá donde la mano de obra es más barata y se vende allá donde el nivel de vida es más alto. Con el desarrollo del imperialismo, el gran capital afianza su carácter multinacional.

Nunca el capital había logrado como en nuestros días ejercer un poder tan completo y global. Nunca como hasta ahora el capital había logrado imponer de forma tan abrumadora sus políticas, sus intereses y sus dogmas sobre el planeta. Su poder, sometido a una ley: el totalitarismo del dinero. Los empresarios no están solos, trabajan en coordinación con los gobiernos y los organismos internacionales más poderosos. 

Estadísticas asombrosas y contradictorias 

Los números pueden ayudar a mirar mejor, a comprender, pero también nos embriagan, enturbian la vista. Tienen la capacidad de fascinarnos y hacernos creer en ellos sin pensar en su origen o en su validez. Está claro que los datos pueden ser muy relevantes y ayudarnos a dilucidar muchas cuestiones de interés, Sin embargo, los números no siempre cuentan la verdad. Los datos también tienen limitaciones, son manipulables para falsear la realidad, ni las fuentes de información son necesariamente objetivas, ni el uso de los datos es siempre el más apropiado, ni su interpretación es necesariamente clara. Muy en especial los científicos saben que es posible “fabricar” y hasta “torturar” los datos. 

Incluso cuando usamos números fiables o análisis adecuados, solo obtenemos una visión limitada de la realidad, no de su conjunto. Las cifras miden con frialdad rasgos de individuos sin rostro, que homogeneizan, que reducen dramas personales muy diferentes y aún más importante, porque los números con frecuencia distraen nuestra atención, tienden a alejarnos de la realidad concreta en que labora la clase trabajadora y en el deterioro de su salud. 

Sin negar la importancia de los datos, estos deben servirnos para actuar sobre la realidad concreta y estos deben ser elaborados con contenido, sin frialdad, no debemos hacer los cálculos sin sentir ya que serían estadísticas muertas. Aún as,í algunos datos que no se pueden ocultar nos manifiestan la realidad por la que atraviesa la clase trabajadora y el resto de la población. 

Con la concentración de capital a nivel mundial, lo que está en juego es la salud de la clase trabajadora, el bienestar de las personas, así como la de nuestro planeta. El poder desigual daña desigualmente la salud. Entre un 10% y un 20% de la población vive con niveles materiales muy elevados, explotando y protegiéndose de quienes no tienen o tienen muy poco. El bienestar y la salud de unos pocos se alimenta del sufrimiento y de la mala salud de muchos. 

Hoy en día, las tres cuartas partes de la humanidad no dispone de la opción de elegir “con libertad” factores relacionados con la salud tan importante como son seguir una alimentación adecuada o trabajar en un ambiente laboral digno y adecuado, así como en un ambiente sano. Bajo este sistema, la salud no la elige quien quiere sino quien puede. 

Los datos nos deben llamar a la reflexión: en el llamado Tercer Mundo, doscientos cincuenta millones de niños y niñas transportan ladrillos, acarrean basura, fabrican de sol a sol bombillas, alfombras o balones de futbol… El valor anual de los productos para animales vendidos en Estados Unidos es cuatro veces mayor que toda la producción de Etiopía. El jugador de baloncesto Michael Jordan percibía en un año más ingresos en publicidad por la marca de los zapatos deportivos que llevan su nombre que el conjunto de los 30.000 trabajadores y trabajadoras indonesios que los fabricaban3.

En Gran Bretaña, el país donde se ha realizado el mayor número de estudios, las clases sociales más privilegiadas (Los profesionales y directivos) tiene siete años más de esperanzas de vida al nacer que las clases más desventajadas (los trabajadores y trabajadoras manuales)4.

El conocimiento técnico y científico puede ayudar a revelar la situación precaria en salud y seguridad a la que ha sido arrastrada la clase trabajadora, pero solo la acción social organizada, unificada, autónoma e independiente puede reducirlas o eliminarlas avanzando en la construcción de una sociedad justa, equitativa, socialista.    

La seguridad y salud laboral es un tema profundamente político, dialéctico e histórico, y el avance hacia su mejora y solución descansa en la construcción del socialismo sobre las ruinas del capitalismo. 

NOTAS

________________________

1.- Organización científica del trabajo introducida por Frederick Taylor (1856-1915), como instrumento esencial de ese proceso de reducción del saber obrero de fabricación a la serie de sus gestos elementales en el proceso productivo con la utilización del “cronómetro”. El cronómetro (y los métodos de medición de tiempos y movimientos que instaura) aparece como la avanzada de un ataque dirigido, no contra el “trabajo” en general, sino contra la forma organizada y combativa de la clase obrera: el obrero profesional de “oficio” y su sindicato. Lo que el cronómetro pretende romper, atacando la confraternidad de los gremios, es la excelsa y avanzada figura de resistencia obrera, condición de la primera industrialización, pero también principal obstáculo para la acumulación de capital en gran escala. Al sustituir al obrero profesional por el obrero-masa recién inmigrado, no cualificado y sobre todo no organizado, el capital modifica, en favor suyo y por mucho tiempo, el estado de conjunto de la relación de clases.

2.- Al sentar el proceso de trabajo sobre una base nueva, “científica”, el capital se halla en condiciones de imponer sus propios ritmos y normas en la producción de mercancías, rompiendo así las trabas puestas a su expansión por el antiguo orden del taller. Con Henry Ford (1863-19479), que introduce la producción en seria, la cadena de montaje viene a relevar a las técnicas taylorianas de medición de los tiempos y movimientos y a someter el gesto del obrero a una cadena regulada, se hace posible un nuevo modo de consumo productivo de la fuerza de trabajo. Sin relación, ni siquiera lejana, con lo que permitían los antiguos métodos de organización del trabajo. Las condiciones generales de la extracción de plustrabajo y la escala de la producción de mercancías cambian por completo. En adelante con el apoyo de la cinta transportadora y de la cadena de montaje, la producción de mercancías en grandes series y de mercancías estandarizadas se convierte en la norma y la regla, suscitando la aparición de nuevas condiciones de producción en todas las ramas.   

3.- Unwin N., Alberti O., Aspray I., Economic globalisation, and its effect on health. BMJ. 1998; 316: 1402-2. Tomado de: Aprender a Mirar la Salud ¿Cómo la desigualdad social daña nuestra salud?, Joan Benach / Carles Muntaner. 4.- Benzeval M. Privilege and health – What is the solution? N Engl J Med 1 993;329(2): 126-127. Tomado de: Aprender a Mirar la Salud ¿Cómo la desigualdad social daña nuestra salud?, Joan Benach / Carles Munta

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