Este miércoles, cientos de personas invadieron el Capitolio de los Estados Unidos en plena sesión para interrumpir la confirmación de la elección de Joe Biden como el próximo Presidente de los Estados Unidos. Los invasores en cuestión eran seguidores de Donald Trump, el presidente actual de los Estados Unidos. Una mujer murió durante esta invasión que no recibió mucha resistencia de la policía metropolitana de Washington D.C. Los invasores simplemente se tomaron el Capitolio para tomarse fotos y detener la confirmación de Joe Biden antes de ser dispersados. 

Muchos en la prensa burguesa han visto estos eventos con el alarmismo que mueve los dólares. En Twitter, se vieron constantes trinos de políticos y cabezas de estado hablando de los Estados Unidos como el gran faro de la democracia mundial. Esta es la primera vez en los últimos 228 años que un edificio gubernamental en los Estados Unidos ha sido invadido de esta manera (la última vez fue en la Guerra de 1812 cuando la Casa Blanca fue quemada por los ingleses) Muchos en la izquierda consideran esto el principio de una toma del poder del fascismo en los Estados Unidos. Pero hay que tener un sentido de proporción con estas cosas. 

Es claro que la invasión del Capitolio es una señal de que la elección de Joe Biden simplemente no terminará con el Trumpismo. Es importante entender por qué. El Trumpismo tiene su origen en las condiciones económicas después de la recesión del 2008 y las políticas del partido Demócrata. Cuando Barack Obama tomó el poder en 2009, lo hizo con un gabinete elegido por Citibank. Después de eso, su tarea principal fue rescatar a los bancos de la ruina financiera mientras que millones de personas perdieron sus casas y demás. Su gran logro legislativo, el Obamacare, fue creado por la Heritage Foundation, un Instituto de Investigación conservador y el modelo principal fue el modelo de salud implementado por Mitt Romney durante su periodo como gobernador de Massachusetts.  Durante su segundo período presidencial, Obama no tuvo ningún problema en tratar de implementar recortes a la seguridad social y otras medidas de austeridad para tratar de complacer a los ricos. 

Ahora bien, nada de esto sugiere que Donald Trump es un hombre del pueblo. Es obvio que Trump es un billonario repelente que refleja los peores aspectos de la sociedad capitalista. Es racista, sexista y explotador a orgullo. Pero su retórica atacando al establecimiento político estadounidense tuvo gran resonancia precisamente porque Obama fue elegido por dos elecciones con lemas de cambio y esperanza y no logró cambiar las condiciones de vida de la mayoría de los estadounidenses. De hecho, Trump fue elegido en gran parte por la abstinencia de millones de votantes que no se vieron reflejados en la elección entre Donald Trump y Hillary Clinton. 

Tampoco ayuda que durante su período presidencial, Donald Trump tampoco hizo nada para mejorar la calidad de vida de la población estadounidense. Los Estados Unidos están pasando por una crisis económica que ha sido propulsada por la respuesta terrible de la administración Trump a la pandemia del Covid-19. Más de 350.000 muertes han ocurrido en los Estados Unidos debido a una respuesta marcada por la falta de acción y el vaivén constante. Para terminar de rematar, la Casa Blanca pasó varios meses peleando por la reapertura temprana de la economía a costa de más contagios para proteger las ganancias de los amigos de Trump. 

Seguidores del Presidente Donald Trump entran al Capitolio Estadounidense en Enero 6, 2021( Photo por SAUL LOEB/AFP via Getty Images)

La presidencia de Trump está marcada por la polarización y la crisis política que tuvieron su expresión en la masacre de Charlottesville en 2017. En este evento, donde las fuerzas de la Derecha Alternativa (‘Alt-Right’) y la izquierda tuvieron luchas campales en las calles de la ciudad de Charlottesville, Trump tomó el lado implícito de la Derecha Alternativa, diciendo que en peleas entre activistas sociales y fascistas auto-declarados habian “personas buenas en ambos lados” y esto se convirtió en el gran patrón de su presidencia. Es claro que Trump incita a los supremacistas blancos que están al núcleo de su base y que no tiene ningún problema con el racismo. 

Muchos en la izquierda y en el campo del liberalismo en respuesta a todo esto, alientan a Joe Biden y lo ven como el hombre que finalmente rescatará a los Estados Unidos de esta pesadilla. Pero Joe Biden no representa nada más y nada menos que el ala derecha del Partido Demócrata. Su tarea principal no es tanto derrotar a Trump o mejorar la calidad de la vida de la mayoría de la gente en los Estados Unidos sino devolver el reloj a los días en los que la mayoría de la gente en ese país confiaba en su clase dominante. Joe Biden, al igual que Donald Trump, tiene su historial de acoso sexual y no tiene ningún problema con la segregación y el racismo tampoco. En su política es bueno recordar su sugerencia con respecto al movimiento Black Lives Matters: ‘Dispárenle en la pierna y no en la cabeza’. Incluso ha dicho de que en caso de que pase una ley de Salud Universal para resolver los problemas del Obamacare, él le daría el veto. Es claro que la presidencia de Biden no mejorará la situación y que el Trumpismo continuará. Es muy probable que Trump sea una fuerza mayor fuera de la Casa Blanca sin tener que ser amortiguado por el establecimiento político de Washington. 

Pero es importante entender que si bien Trump tiene el apoyo de elementos fascistas en los Estados Unidos, esto no hace a su presidencia fascista; de hecho, las fuerzas que siguen a Trump simplemente no tienen el poder suficiente para poder abolir la democracia burguesa que domina a Estados Unidos. Si bien esta banda de matones es repelente y representa cómo la crisis del capitalismo revive toda la misma basura del pasado, sus números no son nada comparados con los de la gente que quiere una solución de izquierda a estos problemas. No hay nada más que comparar el hecho de que si bien cientos de miles invadieron el Capitolio, treinta millones protestaron por el asesinato de George Floyd, en contra del racismo y la brutalidad policial. La facilidad de la invasión del Capitolio tenía más que ver con el hecho de que la policía no tuvo ningún problema con dejar pasar a esta pandilla de Trumpistas ya que reconoció que entre los dos comparten algunos intereses. 

Al final es claro qué es lo que falta: una organización política de la clase obrera que pueda unificar las luchas de sus diferentes sectores. Las 30 millones de personas que marcharon en contra de la brutalidad policial en Estados Unidos durante el verano pasado podrían ser el principio de semejante Partido Obrero, pero lo que falta es el liderazgo. Es por eso que  es clave la participación del liderazgo sindical. Organizaciones como los Teamsters o la Federación Americana Obrera podrían fácilmente ayudar a la creación de este partido si no tuvieran como tarea principal la colaboración y conciliación con los jefes. Solo un partido obrero podrá coordinar la defensa de la clase obrera de los ataques de estas bandas de matones ya que, como hemos visto, la policía burguesa no tiene ningún problema en tomar el lado de los seguidores de Trump mientras estos hacen lo que quieran. 

Esta necesidad también está presente en Colombia: tanto aquí como en Estados Unidos, la corrupción es visible para el observador más casual y sabemos que la clase dominante no tiene ningún interés más allá de la explotación de las clases obreras de ambos países. Nuestra tarea como Marxistas es pelear por la creación de una organización donde podamos expresar de manera política nuestras necesidades y coordinar nuestra lucha por un mundo mejor. En este año pre-electoral, no podemos ganar si seguimos el ejemplo de la izquierda estadounidense y seguimos a los liberales y reformistas. Más bien nuestra tarea es consolidar el movimiento de izquierda en el país alrededor de un programa socialista basado en el simple hecho de que vivimos en un periodo de abundancia histórica y que la razón detrás de esta abundancia no son los billonarios como Sarmiento Angulo sino la clase obrera, que es el mismo motor de la sociedad. Cuando tengamos ese movimiento, podremos confrontar a nuestra clase dominante y deshacernos de ella.